jueves, 16 de octubre de 2014

Octubre del '45 y algunos ecos. Opinión. .

Octubre del ‘45 y algunos ecos.

                                               Por Eduardo Persico.


       En la década del cuarenta a Buenos Aires le crecían edificios, avenidas y perfiles costaneros donde apreciar al ‘río más ancho del mundo’. Quizá también por venderse más libros y diarios que en cualquier ciudad de América Latina, a cierta porteñidad le resultaban ajenos sus arrabales rumbeados por verdosos tranways de doble piso y demás aspectos venerados por sus escribas más o menos de renombre.

      Como si algo renaciera volteando el caserón familiar era mal visto en Esmeralda y Sarmiento un caserón afirmador de que allí verdeciera la llanura. Ciudad engreída en ser la más europea de América aunque un rejunte de suburbios sin prestigio,  si al menos un tanguito no lo pontificara algún guitarrero de patio. Y la inmensa  pena de Villa del Parque, San Cristóbal o Versalles, sin rigor poético para calzar nombres de infructuosa rima si al sur la inundación y de otro margen el límite con la pampa. También crecían los bares donde meditar esas cosas de la vida, que para eso están: y en tanto las mujeres desechaban las medias de muselina y más acortaban su vestido cada tarde., eso se hizo sin alegatos feministas ‘con nosotras no se puede’ y así crecerían a la nueva sensatez...

      Y en tanto la guerra y la inequidad se apropiaba de Europa, por Buenos Aires crecían nuevos actores y en retirada  aspirantes a nobleza saludando ‘que tal, che’ al mozo del bar como una contraseña. Ciudad donde muchos la soñaran como París, los autos iban por izquierda estilo Londres y los tranways rugían con reglamentos ingleses. Lejanía sudamericana donde por suerte abundaban lectores de Roberto Arlt, cronista que hasta 1943 delineara ciertas faunas subterráneas, y de Raúl González Tuñón, el poeta de ‘todo pasó de moda como la moda, los angelitos de los cielorrasos, los mozos que tomaban la vida en joda y las lágrimas blancas de los payasos’. 

       Hasta que por ahí emergiera la muchachada fabriquera que no remaban consignas en las bibliotecas pero una mañana desparramaron su reclamo a pertenecer ya mismo y a puro grito. Esa imprevista  ‘contradicción social’ entró a caminar y aunque no fuera avistado desde muy lejos, - no hubo millones de obreros manifestando el 17 de octubre de 1945, por supuesto- pero el gentío se iría agrupando sin consignas,  bombos ni marcha partidaria. Excepto el ‘Perón Perón’ incierto para los sabios de la nada protocolar y los serios padres y abuelos de los actuales primates contrarios hoy a lo mismo; octubre del año 2014; hasta capaces de oponerse a una ley de radiodifusión que agotara su discusión en el Parlamento Nacional varias veces, y que por  antimonopólica y tendiente a derogar una ley del insano proceso militar,  es ya civilizadora. 

      Pero sigamos. Aquel ’17 de octubre no fue apenas un sacudón en el cimiento social de los argentinos,  sino que estableció otra dimensión para entender que con líderes aceleradores como Perón o no, esa movilidad social podría demorarse pero igual acontecería. Asunto que tantos ‘ilustrados’’ siguen sin entender como hicieron el gentío de frigorífico y talleres suburbanos que construyeron ese día a ese coronel Perón en referente de un gran  avance de la sociedad contemporánea argentina. Y reiteramos lo ya escrito más de una vez: “la liberación psicológica del obrero ante el patrón, ese avance que desde el llano demanda generaciones, con su imprevista aparición produjo que el peronismo se instalara como fuerza política popular y  mayoritaria”. Un avance que a los grupos tradicionales les pareciera un ademán extraño siempre que el ‘perón perón qué grande sos’ ni les ‘avistara’ de lejos sus ‘hectáreas de familia’.
      
    Sin duda el peronismo nunca avanzó y más no pudo ante esa ideología de ‘la herencia sagrada de nuestros mayores, Argentina granero del mundo y como dios es argentino la fiesta es de nosotros’. Aunque siempre con buen clima político o contrariados por esos profetas de la dicha incierta del golpe en setiembre de 1955, cada tragedia siguiente vendría envuelta en esos temas financieros y con ropajes a veces algo gauchescos. Pero bué… (Octubre 2014)

Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.



jueves, 25 de septiembre de 2014

DESVARIOS CON BORGES Y GARDEL.

DESVARIOS CON BORGES Y GARDEL.   


                                               Cuento de Eduardo Pérsico.
                                              
…y cantada por Gardel, cuanto mejor luciría                                                          una  imperfecta milonga mía                                                                                                             

      Y fue por ahí cuando el Jorge Luis Borges, que tanto descollara como payador en el almacén de doña Rosa en Turdera, entró a desovillar sobre Gardel y su extraña muerte. Es sabido que los poetas se lucen cuando les parece, pero no era fácil la trémula voz de alguien con la vista opaca y casi respirando en la frase venidera,  con sus manos en el mástil de la guitarra charlando ‘de esas utopías que adoran los pueblos, como Carlos Gardel’.  

     - Cada historia exige sugerir tanto como su texto-  se oyó en aquel  bodegón oloroso de aceitunas y vino moscato.  Más al reiterar el escriba Jorge Luis 'Gardel habita esa neblina de la imaginación y el mito', hamacando su bastón como una guitarra agregaría ‘sin creer en don Quijote y Sancho Panza la historia de España no tendría pies ni cabeza’. Así que tras su modesto ‘yo creo’ se silenció el entorno y el Jorge Luis reiteró lo antes dicho como contando un cuento; sin recordarlo pero repitiendo las voces para decirlo. .. En tanto los demás querían conocer la muerte de Gardel ‘y gustar la sal nutricia de la certeza’, Borges les acentuaría que la muerte gardeliana en junio del '35 ‘tenía sombras de verdad  y cada tanto,  ni siquiera eso’...
    - Mucho se dijo  que Carlos Gardel muriera en un accidente de aviación en Colombia,  aunque aquello sería incompleto’, tartamudeó el Jorge Luis Borges. El mismo que mucho anhelara ser un payador en el Camino de las Tropas y en el espacio sin renglones de su realidad,  decidiera morirse en Suiza por negarle al gentío los ritos de su velorio, el llanto televisivo y el fúnebre jadeo de su instante sin retorno.  

-         Y es así que como les digo, señores, en los momentos previos al vuelo desde Medellín hubo olvidables desvaríos de sobremesa, que hasta culparían del accidente a ese mozo Alfredo Lepera, - tan adicto al cantor como abrevador de Amado Nervo- que por un enredo de polleras arremetiera a balazos con toda la concurrencia. Como también hubieron rumores que para  demostrar el buen humor argentino al piloto o ahorcaron con un lengue blanco al carretear el avión. Esos más demás decires de entrecasa en propiciar a un Gardel sin magia gardelera hundido en los turbios callejones del olvido – redondeó el dicente Jorge Luis y se contuvo a juntar aire.

- Señores, Carlos Gardel artista malversado por turbios imitadores con sonrisa de rocanrol y ajenos a la palabra tango,  supo retirarse a tiempo. Y usaba una memoria tan anticipada que solía temer por su voz luego de incinerarse en Medellín y acaso hasta temiera ‘ser un muñeco publicitario’; como igualmente temiera  que su inflexión arrabalera fuera deformada por los desafinados que nunca faltan. Que sin demora anunciarían actuaciones de Carlos Gardel en Quito y Bogotá, desfigurado por el incendio, - o ‘ircerdio’- y aclamado al entonar su primera estrofa.
- Esa y mucha otra tontería sería glosada por los congeladores del arte al predecir que nadie cantaría como él. Por supuesto, y le confío que yo mismo, Borges y ahora, deduzco cuánto mejorarían en su voz  mis  imperfectas milongas. Algo que lamento y envidio tanto como no haber escrito el ‘percanta que me amuraste’ de ese mozo Pascual Contursi. Pero así fueron las cosas….
    
       Y ahí se sonrió apenas el Jorge Luis al imaginar a un Gardel de lustroso smoking o de chambergo inclinado aquel audaz  atuendo de gaucho palaciego, según, pero siempre él ajeno a mucha pobre gente negociadora de un Gardel producto terminado.
- Porque ese modernizador nunca sería cómico del varieté televisivo - dijo y se tomó resuello-. Y a quien una noche lejos de mi patria le escuché cantar un deleznable tango que yo nunca apreciaría, pero al oírlo me hizo revivir mi calle de Palermo y una madreselva adherida a una tapia, y de pronto sentí que estaba llorando. Acaso con ese llanto de la hombría  acorde a la voz compadre de Gardel; y ahí presumo que lo popular es un secreto que los pueblos aprenden desde adentro.
      
      Y ahí se interrumpió el Jorge Luis Borges - antes o después de morirse en Ginebra,  algo que menos importa- luego de redondear que ‘no habría Gardel posible sin poesía de eternidad; esa magia que  persiste en el rincón sensual que uno prefiera’.  (2014)

Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina. www.eduardopersico.blogspot.com


domingo, 7 de septiembre de 2014

HABLANDO DE PALABRAS,



HABLANDO DE PALABRAS.   
                                              
Eduardo Pérsico.
                    
                  ..  y un chamuyo misterioso me acorrala el corazón
        
    La lluvia sigue enjuagando la ventana y retrae a un sol cansino de nuestra adolescencia y el sobrevuelo previo de gorriones al irse con la tarde. Y acaso sea verdad que al quedar eso detrás el futuro inmediato pareciera otra ausencia. Tal vez ni un misterio sin fulgor; un apenas todavía al irse un hilo de luz entre el ramaje y un pájaro que retorna a su misterio.     
 
       No es fácil seducir a una buena palabra, amante frívola que si elige otro destino jamás se contradice porque al fin, una buena palabra jamás deja de arrastrar su  propia memoria… La memoria de cada palabra vive y muere en ella misma; madre, niñez, maestra o amor adolescente al pronunciarse trae la añoranza de su propia índole, y esquivar ciertas palabras por sentirlas  ajenas nos invade de sombras y de acaso. Y por más que ‘un idioma es un dialecto con un ejército detrás’ - dijera Napoleón- aunque las voces sean inventos del Poder en la disputa palabrera no traicionemos nuestras voces.   

       En la hispanidad es secular el parlar ‘eclesiásticas’ a toda hora y  sin notarlo. Perdonar por disculpar, Suplicar por pedir,  Bendecir cual gesto salvador y Santificar pareciera un augurio que nadie sabe. Además al Pecar nos intimidan con Castigos que ni un Dios se bancaría si viviera; una regla Castigadora  hasta rechaza la  Divina Voluntad al lograr un apareo sexual  que nos lleve felices al Infierno. Enturbiando así un derecho –canónico o no- más visceral y divertido que cualquier otro.

    Tal vez por mucha seriedad, pareciera que  algunas voces se suicidan. Como Virginidad; adolescente y saltarina que en cierto atardecer se soltó de una flor al saberse olvidada. Y no se suicidó desde un arbusto vulgar y silvestre: esa palabra tan  juvenil de pura aburrida por desuso y persistir sin apenas caricias de consulta, con su invicto himen  se tiró de un melancólico malvón a la penumbra de la Nada. Un suicidio ignorado hasta por las diccionaristas; Virginidad,  diez letras sin mínima alegría que ya ni  habitaba en una charla fuera de texto,  pobrecita, se hizo bolsa...

      Además,  sigue igual de insostenible que persistan voces inmundas:  hambre, esclavitud, aristocracia y riqueza persisten riéndose desde los diccionarios bien lejos de ciertos enigmas saludables del lenguaje. Maestra  sigue siendo segunda madre sabedora de todo y escuela suena a patio con gritos de recreo. Así que por ahora es noble que persistan palabras solidarias y compadres, útiles hasta para apreciar mejor los pájaros yéndose cuando atardece.
 (setiembre del 2014)


Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina. www.eduardopersico.blogspot.com

jueves, 28 de agosto de 2014

A veces la poesía. Poemas.



A veces la poesía...
                                                        Por Eduardo Pérsico.                    
   
         Sigilosa  la tarde  va  sombra a sombra hacia la noche y allí  la poesía es un rayo que nos lacera el corazón,  o ambula entre vigilias de lento cigarrillo hasta anunciar el alba.  Más  si la poesía celebra solo que ‘las mariposas son flores desertoras  o graciosa inventiva de angelitos pintores’,  es un inútil suicidio de palabras.  Y sin que ni una palabra decline su sentido,  no carguemos con más lírica amnesia a este tiempo zurcido con  hilachas de trapo.   
    
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PREGUNTAS SIN OLVIDO.
                           
   ¿Dónde estarás, amor? Ni han devuelto tu nombre.
  El mismo que tan breve parecía, íntimo y diminuto. 
  cuatro letras de silabear tu nombre.

¿Es que tu aliento tibio todavía sobrevuela
 el aire de una cárcel feroz y sin ventanas?

¿Y tu ojos, amor?

    ¿Siguen siendo tan grises absortos y redondos, 
tus ojos de juntarnos decayendo la tarde? 
     Esos brillos amantes de la vida
en calles encendidas de canciones y pájaros. 

   Y también por tu ojos al reflejar los míos 
cruzarían los ultrajes de uniforme y absurdo. 
   Con niños sollozantes robados en la noche   
y la indolente mueca de banqueros y curas.

¿Dónde estarás amor?
¿No sostiene tu cuerpo caricias de mis manos,
ni a tu piel la desvela mi beso tembloroso?  

¿Y tu voz amor mío?
¿Ni me nombró siquiera al saberte arrastrada  
 y la gente impasible siguiendo su camino?

     ¿No me nombraste amor ni apenas esa noche
 sometida y violada?
    ¿El pronunciarme apenas fue tu olvido   
  en esa infamia perpetua de tu muerte? 

¿O tanto nos quisimos, amor,
que callaste mi nombre? 


AQUEL VECINO.

     El hombre se escribía sus versitos
iluso que una vez alguien dijera:
‘sí, es el que yo le digo, uno bajito
que vive aquí nomás, a dos veredas’.

    Nadie lo vería andar, sombra en la niebla,
perdiendo sin chistar sitio en la fila.
O ir soledoso algún domingo al parque
a charlar con el  caballo de la estatua.

   Cada renglón se volvería amarillo  
sin ese revivir de verlo impreso. 
El tiempo transcurrió sin registrarlo. 
Ni un guiño de atención. Menos que eso.

  La muerte lo cargó sin darle aviso
y una siesta, cansao, siguió de largo.
El hijo ni llegó, estaría en viaje.
Su mujer gimoteó más que llorarlo.

   ‘Por no cuidarse. Voy a extrañarlo mucho’,
ella que ni siquiera lo corneaba.
El mundo sigue igual. Sonó el vecino
que escribía sus versitos. Casi nada.
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         MIRAR DE PRIMAVERA.
        
            El setiembre ya pródigo de luz y veintiuno      es un vaso colmado de vino gusto a ganas.     Se ufana una muchacha soltar su pelo al viento
      y al pródigo despliegue de su blusa floreada.
            Hoy que el aire deshace casi como al descuido
      el nudo abigarrado que tejiera el invierno,
      el cielo de mi barrio, tan modesto y discreto,
       le propone al paisaje realzarle los reflejos.   
     
           Sonríe una vecina mi guiño cuando pasa,         hoy que acortó su falda por festejar el día.            ¿ Y si una tarde lograra convencerla 
      de aflojar ya sus riendas,  que el tiempo todo olvida..?
  
          Es propicio el deslumbre de soles derramados
      en invocar  momentos de remotos ancestros. 
         Cuando tras la incitante mirada al divisarnos           

        le seguiría el festejo de la especie desnuda. (2014)       


Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.

jueves, 7 de agosto de 2014

Izquierda abajo. Cuento. (agosto 014)

Izquierda abajo.

 

                                                           Cuento de Eduardo Pérsico.

                                     

Imagen de Eduardo Persico                   ….y uno de bigotes recordó este partido sigue hasta el  final y punto.

     Cualquiera que atajara la pelota que le sacudieron aquel sábado al flaquito Gerardo no hablaría de otra cosa, pero en el vestuario el loco que estudiaba sociología solo acarició sus guantes color rosa y no habló ni media palabra del asunto.
    El partido por el norte y contra esos de dientes apretados con su gente mirando el juego en cuatro escalones a un costado, a los de Escalada no les agradó pese al sol de octubre y las vistosas minas de alrededor. Fue por los años ’78 o ’79, y ellos como siempre salieron a jugar prolijo sin revolear la pelota pero de entrada chocaron con unos atletas con camisetas de rugby y pierna  fuerte que protestaban todo. Así que lo mejor entonces resultaría no discutir y esperar bien protegidos atrás que ya el Nene y Cacho, los dos de punta, tendrían su contragolpe. Pero igual durante el juego el ambiente se iría calentando y jugadores, socios más familiares lejanos del local le indicarían al referí y los jueces de línea aplicar un reglamento propio. Y el clásico ‘¿qué cobrás hijo de puta?’ haría que los tres personajes sin demostrarlo se sentirían bien temerosos, mientras los de Escalada serían nombrados al menos ‘negro de mierda’ con agregados. Menos el tan veloz narigón Aguilera, que por izquierda ganaba siempre y lograra que una señora muy bien embutida en un conjunto deportivo blanco le aconsejara, ‘zurdito, vos seguí corriendo así que vas a  desaparecer’.      
       En ese clima de cordialidad deportiva y los dos equipos con muy poco juego se irían al descanso empatados en cero, aunque por los treinta del segundo tiempo el Nene embocó un derechazo de veinte metros que levantó el aburrido nivel, y aunque al golazo los de Escalada apenas lo festejaran lo mismo les cambiaría el juego. Y de ahí retrasaran algo a los cuatro medios amontonando gente y consiguiendo así que la bola anduviera desprolija pero siempre lejos del arco de Gerardito. Un recurso algo aburrido de ir pasando el tiempo toqueteando en el medio campo todo lo posible; algo bien ejercitado por los cuatro o cinco habilidosos de Escalada a quienes sin pegarle con descaro, era muy difícil quitársela con limpieza. Así que sin ninguna exhibición canchera porque la hinchada local los entró a putear hasta la tercera generación, sobre el final y ganando los visitantes uno a cero el referí agregó cuatro minutos de descuento. Un tiempo adicional que luego de transcurrir de sobra y aunque el juez prosiguiera con el alargue sin mirar su reloj, unos tipos de pelo corto entraron al campo y chau con la elegancia deportiva en el varonil juego del balompié. Porque uno de prolijo bigote le recordó  a toda la concurrencia cierto novedoso reglamento: ‘este partido sigue hasta el final y punto’. Original decisión que no evitaría que se redoblaran los centros  al área de los de Escalada con despejes a cualquier parte, y tras un centro inocente  que se iba afuera ‘penal a favor del local cometido por el hombre invisible’. Y sin discusión en mitad del griterío local en segunda escena, el flaquito Gerardo se ajustó los guantes rosas mientras sus compañeros de Escalada se miraban en silencio, si al fin un empate en ese ambiente no les parecía tan  mal…
       Entonces y sin demora el número seis contrario acomodó la pelota exigiendo que no se adelante el arquero y el obediente referí le gritó a Gerardito ‘usted no se mueva de la línea’; agregando algo más, inentendible. Y cuando el zurdo contrario sacudió un cañonazo seco abajo, inatajable, raramente la bola resonó ‘chaf’ en los guantes rosas del arquero y sobre el rebote sin perder un segundo en aquel silencio desplomado, un defensor la revoleó rápido para el Nene que allá adelante andaba  en soledad y tenía todo sencillo para definir. ‘Serio detalle técnico’ que por salvarse de un quilombo más grande el corajudo referí ahí mismo pitó el final y rajó a juntarse con los jueces de línea. Pero vaya uno a saber, quizá por demostrar un cierto estilo de gente educada el público local les seguiría puteando a los tres las abuelas, madres y familiares más queridos hasta que entraran  al vestuario. Y al final los heroicos jueces del juego sobrevivieron.
       El penal que atajó el flaquito Gerardo hubiera merecido algún comentario bajo las duchas,  - de mojarse rápido y rajar- cuando el arquero apenas flamearía triunfal sus  ‘guantes mágicos color rosa’ y nada más. Aunque luego  y ni bien subidos al tren de regreso vía Retiro, Gerardito contó el asunto en pocas palabras.  
-       Al referí le habían puteado toda la descendencia tanto como a nosotros,  pero como él sabía adónde pateaba el seis, me gritó ‘no se mueva de la línea’; y entre dientes me sopló  ‘izquierda abajo’. Toda una revancha de Poder propia de un tipo naturalmente turro. ¿No les parece?  
Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.(2014)

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miércoles, 23 de julio de 2014

Algo de perfiles adquiridos y propios. Eduardo Pérsico.

  Algo de perfiles adquiridos y propios.

                                                        Eduardo Pérsico.

      En Buenos Aires todavía está muy vivo el tipo popular español, y todos los movimientos del compadrito revelan al majo. El movimiento de los hombros, los ademanes, la colocación del sombrero y la manera de escupir entre colmillos son  de un andaluz genuino.  (Domingo Faustino Sarmiento).

                Durante años se afirmó que el tango en Argentina era un género que naciera sin letras alrededor de 1880, originario rítmicamente de la habanera cubana y en la rioplatense Uruguay- Argentina recibiera sus primeras letras y giros temáticos. Afirmar que esos tangos iniciales fueran expresión bailable del compadrito sería temerario, si de ese personaje sustancial ya por 1845 se ocupara Domingo Faustino Sarmiento, indudable personaje argentino quien dijera en ‘Facundo Civilización y Barbarie’ lo expresado más arriba. Pero  conjeturar que ‘ese andaluz compadrito’ del que habla Sarmiento recién tuviera canto propio por el año 1900, medio siglo más tarde, fue para ocultar `desde los fabricantes de opinión’  la verdadera integración y movilidad social que ocasionara la inmigración recibida por entonces en nuestro país. Una curiosa desatención histórica por ahí algo corregida, - vale decir- cuando el diario La Nación por el año 1875 publicara dos fundacionales artículos sobre el lunfardo  escritos por el redactor Benigno Baldomero Lugones. Publicaciones bien recordables aunque luego ese mismo diario y durante décadas, esquivaría mencionar más datos y referencias sobre los modos de comunicación popular y otros perfiles de nuestro origen. Según fuera la convivencia de los   conventillos,  bailes barriales y otros hábitos de las clases bajas; asuntos que esos informadores escasearían o desecharan por muchas pero muchas décadas. En cuanto a los medios informativos de ‘clase alta’ o infatuados de serlo -según ironizara don Arturo Jauretche- entonces más los enaltecía la apropiación indebida de tierras para erigir un castillo en medio de la pampa que preocuparse por el devenir de los nuevos protagonistas sociales. Mecanismo de exclusión conque ese férreo grupo dominante suponía negar al sujeto social más común en la periferia, nutrida en los conventillos por un variado populismo de generar sus rejuntes étnicos en los aguerridos zaguanes.  Esos tan propicios para intercambiar además de ternuras credos y hábitos en cada relación humana; desde la comida posible al modo de saludar. Y en esa original integración también emergerían los primarios balbuceos del  lunfardo que además de significar ‘un código entre dos para que no se entere un tercero’,  culminaría siendo un certero inconsciente de nuestra identidad.  

         Por distinción no solo de género y origen, el lunfardo y el tango son independientes por distancia con todo tipo de coloniaje. Algo que risueñamente nos hace criticar el fervor tanguero ‘argentino francés’ de los años veinte, tan prefabricado que hasta produjera una  reacción de la revista ‘El Hogar’ ante el peligro ‘que a los porteños decentes, desde París le quisieran imponer el tango argentino’. Pero bué, una idea muy ajustada a ciertos defensores de la decencia…  

        Sabiendo que el tanguillo andaluz, la habanera y el fado portugués le fueran sustanciales al tango así como a nuestra milonga  la guajira flamenca, eso avalaría que la música del tango recibiera en cada época aportes en su armonía y composición sin perder su identidad. Eso es tan indiscutible como que sus iniciales letras  acaso tan desparejas y vulnerables,  hoy casi mágicamente  perviven como un estilo literario entre nosotros. Y aunque  su temática pareciera abrumar de lo personal a lo social y las complejas armonizaciones de hoy exijan cada vez ejecutantes más aptos en  interpretarla, sin esas vanas discusiones el tango como expresión cultural de los argentinos sostiene el sabor y carácter de su raíz.

    Asunto que tan bien estimara el más lúcido y porteño Jorge Luis Borges, - digamos el de ‘El Idioma de los Argentinos’ de 1928- que por 1930 expresara algo sustancial para la comprensión de ese espíritu que solemos llamar  ‘el ser nacional’ : ‘de valor desigual por proceder de plumas heterogéneas, las letras de tango son un inextrincable ‘corpus poeticum’ argentino que los historiadores algún día vindicarán´. Y este escritor argentino no afirmaría eso según una ironía borgeana por el año 1930,  sino para establecer la verdadera dimensión cultural ‘a esas imperfectas letras atesoradas en El Alma que Canta’; una revista semanal muy popular  y que sin duda Borges entonces consultara habitualmente. Concepto no definitivo ni categórico pero atendible en esto de comprendernos lo mejor posible.  (Jul.014).    
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Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.  www.eduardopersico.blogspot.com        


domingo, 6 de julio de 2014

A mi gato le encanta Mozart. (Cuento),



A mi gato le encanta Mozart

            Por Eduardo Pérsico

     Hoy me distraje apreciando a mi gato Fidel con más decoro. Porque él,  que distante sabe callar, me retrajo a Lord Byron: ‘el gato posee belleza sin vanidad, fuerza sin insolencia, coraje sin ferocidad; cada virtud del hombre pero sin sus vicios’. Y además a una  semblanza del Ambrose Bierce: ‘gato, suave autómata indestructible y  preparado para recibir patadas, cuando algo anda mal en el círculo doméstico’. Pero bué, digamos…

     Viendo a mi gato se comprende que ambulen invisibles cuatro veces al día y cuando ellos lo disponen, se exhiben con la guardia baja empobrecidos de lluvia y madrugada. Además todo gato es etéreo, inatacable, y su corazón les late en una verdad lejana y superior. La mirada de un gato si es ajena y perdida, nos reitera  ‘¿por dónde pasó el tiempo, qué hicimos con la vida?’….

     Mi gato revive al escuchar música en mi falda y su sutil sigilo lo refleja mi espejo al oír el yumbeado de Negracha o La Cachila de Pugliese. Ese compás marcado  conmueve  su pelaje aunque luego le gane su indolencia si el tango es catarsis nostalgiosa de chamuyarnos muy quedo, despacito, de ciertas plenitudes sin testigo. Y sí gato Fidel, debo decirle, el tango es vino a solas o sueño demolido y por ahí, los ojos de esa piba que a contraluz retorna. Es por eso que el tango es en voz baja o a rasguidos de viola misteriosa, y más íntimo aún si algún recuerdo turbio irrumpe sin aviso o cierto olvido ya olvidado se adueña de nosotros. Siempre el tango en alta voz y teatralero es grosería de recién venido, y sin nuestro deschave confesión de ‘como fueron esas cosas' sería otro ruido más, carnavalero. Pero él, tango íntimo compadre y sin reproches, es un amigo que hasta nos guiña un ojo…   

       
           Pero al fin,  de nada sirve inquietar a este felino con mi nostalgia y tantos cigarrillos de tediosa ceniza. Y más cuando al oír el Concierto Número Cuatro de Mozart, Fidel se hace una fiesta. Levita leve y ligero, gato definitivo dos sílabas sin cuerpo que ambula en su otro mundo sensorial. Y es ya tiempo de afirmarlo sin prejuicio;  a mi gato atigrado cualunque y sin prosapia lo diferencia del resto su refinado gusto musical. Cualquiera de su especie es amante a hurtadillas, intruso por la casa sin proyectar su sombra, clandestino de hondo enigma en su mirada, pero ningún otro se le arrima a Fidel al disfrutar la música de Mozart. (jul.014) ________________________________________________________
Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.
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