jueves, 6 de marzo de 2014

Julio Cortazar y un vistazo a lo popular. Opinión. Julio Cortázar y un vistazo a lo popular. Por Eduardo Pérsico. …y me parece bueno decir que yo iba a esa milonga por los monstruos. La aproximación inicial al nombre de Julio Cortázar me llegaría al terminar el colegio primario en 1948 y yo ingresara como aprendiz al taller mecànico frente a su casa de la calle Rodriguez Peña y Alvear, en Banfield. El entonces tendría tendría más de treinta años y no creo que anduviera mucho por el barrio. Además, mi inquietud literaria llegaría más tarde por otros escritores, guiado por el inolvidable Raúl Larra con sus biografías sobre Lisandro de la Torre, ‘el solitario de Pinas’, y de Roberto Arlt, ‘el torturado’. Así empezamos y por ahí andaría la cosa… Unos cuantos años más tarde y cuando Julio Cortázar era ya figura de la vida literaria del ambiente, leería Las puertas del cielo, un cuento que transcurre en el popular bailongo Palermo Palace en 1942, y publicado en Bestiario por 1951. Y acepto que me molestara repensar esa veta ‘elitista’ del personaje narrador; un abogado de clase media que denominaría ‘monstruos’ a esos argentinos laburantes que frecuentaban aquella milonga barata. Personas con otro estilo y otras pautas al fin bastante iguales a mi entorno, donde antes de los veinte años curtiamos la diversión de ir a bailar cada fin de semana; acaso como una constante que sin más explicaciones que valieran la pena, fuera un recurso por mejorar la convivencia con los demás, quiérase o no. Así que discurriendo por esa certeza y a propósito del cuento Las puertas del cielo, tras su lectura y relectura acaso me condicionara en descubrir ciertos términos de ensañamiento con tipos y ambiente del mismo relato. Que hasta podrían ser estimados muy mal por cualquier lector, en cuanto la persistente adhesión a un encono primario y desmedido en contra de una escenografía con personajes incluídos, que más bien aquí denuncian la visión escasa y mezquina de un amplio entorno desconocido y casi ignorado por el autor. Donde caen en la volteada de esa impiadosa visión los frecuentadores de milongas de ‘medio fondo’ iguales a nosotros; ese Palermo Palace, que Julio Cortázar renombrara Santa Fe Palace, por extensión de visitantes habituales abarcaba desde La Enramada por ahí cerca de los bailongos de la costa de Quilmes, tan pintorescos. Sitios aquí descriptos o más bien imaginados con una visión poco amable y descalificadora de quienes así se divertían y ‘nos sentíamos vivir’. Según en este cuento él mismo Cortázar acepta de Mauro y Celina, dos personajes realzados sin duda por esa calidad narrativa habitual en él. Ese innegable escritor argentino que en este relato se desgasta en ‘asombros’ de un reciénvenido, más bien propios a la desdeñosa premura que suelen usar los ‘críticos comprometidos’ con cualquier asunto o escenografía no comprensible por ellos, y mucho menos en tanto resulte ajena a su entorno. Tal vez un pequeño detalle pero aquí muy certero. Y en este cuento que sabemos escrito en 1944 y sin apenas sugerencias del peronismo venidero, igual en el país se insinuaba cierta movilidad que más se pronunciaría de 1945 en adelante, perìodo donde tanto se modificara el entretejido social de los argentinos por factores sumados a la creciente migración provinciana hacia Buenos Aires. Esa instancia que entre otras muchas venían cambiando el crecimiento de la comunidad toda, y en cuanto para eso sobran las estadísticas demostrativas, quiéranse o no, semejantes certezas numéricas nunca deberían merecer el `desgano` del escritor Julio Cortazar en abundantes renglones de su cuento Las Puertas del cielo. Y veamos algunos: “Me parece bueno decir que yo iba a esa milonga por los monstruos, y no sé de otras donde se den tantos juntos. Bajan de regiones vagas de la ciudad… las mujeres casi enanas y achinadas, los tipos como javaneses o mocovíes…las mujeres con enormes peinados altos que las hacen más enanas…A ellos les da ahora por el pelo suelto y alto en el medio, jopos enormes y amaricados sin nada que ver con la cara brutal más abajo…Además está el olor, no se concibe a los monstruos sin ese olor a talco mojado contra la piel, a fruta pasada. Uno sospecha los lavajes presurosos, el trapo húmedo por la cara y los sobacos…También se oxigenan, las negras levantan mazorcas rígidas sobre la tierra espesa de la cara… De donde salen, què profesiones los disimulan de día, qué oscuras servidumbres los aislan y disfrazan. Los monstruos se enlazan con grave acatamiento. El polvo en la cara de todas ellas y una costra blancuzca detrás de las placas pardas trasluciendo” . Por supuesto esta transcripción es fiel pero no absoluta, así que resulta muy útil apreciar la premura descriptiva y casi ceñida a lo escenográfico que relata. Casi como si fuera habitual ese rictus de una intelectualidad en viaje de ida, tan habituada a denostrar ‘el malgusto popular’ como si ellos fueran los superadores de todo aquello que imponga hábitos y costumbres. Un feroz percance que suponemos, no mereciera la autoría narrativa del argentino Julio Cortázar; el mismo escritor luego reconocido además de su obra por sus frecuentes y elogiables actitudes personales. Y aunque esta visión que comentamos Cortázar también la tuviera. Pero bué….(marzo 014) __________________________________________________________________. . Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina. www.eduardopersico.blogspot.com



        Julio Cortázar y un vistazo a lo popular.

                                               Por Eduardo Pérsico.
              
…y me parece bueno decir que yo iba a esa milonga por los monstruos.
  
     La aproximación inicial al nombre de Julio Cortázar me llegaría al terminar el colegio primario en 1948 y yo ingresara como aprendiz al taller mecànico frente a su casa de la calle Rodriguez Peña y Alvear, en Banfield. El entonces tendría tendría más de treinta años y no creo que anduviera mucho por el barrio. Además, mi inquietud literaria llegaría más tarde por otros escritores, guiado por el inolvidable Raúl Larra con sus biografías sobre Lisandro de la Torre, ‘el solitario de Pinas’, y de Roberto Arlt, ‘el torturado’. Así empezamos y por ahí andaría la cosa…

       Unos cuantos años más tarde y cuando Julio Cortázar era ya figura de la vida literaria del ambiente, leería Las puertas del cielo, un cuento que transcurre en el popular bailongo Palermo Palace en 1942, y publicado en  Bestiario por 1951. Y acepto que me molestara repensar esa veta ‘elitista’ del personaje narrador; un abogado de clase media que denominaría ‘monstruos’ a esos argentinos laburantes que frecuentaban aquella milonga barata. Personas con otro estilo y otras pautas al fin bastante iguales a mi entorno, donde antes de los veinte años curtiamos la diversión de ir a bailar cada fin de semana; acaso como una constante que sin más explicaciones que valieran la pena, fuera un recurso por mejorar la convivencia con los demás, quiérase o no. Así que discurriendo por esa certeza y a propósito del cuento Las puertas del cielo, tras su lectura y relectura acaso me condicionara en descubrir ciertos términos de ensañamiento con tipos y ambiente del mismo relato. Que hasta podrían ser estimados muy mal por cualquier lector, en cuanto la persistente adhesión a un encono primario y desmedido en contra de una escenografía con personajes incluídos, que más bien aquí denuncian la visión escasa y mezquina de un amplio entorno desconocido y casi ignorado por el autor. Donde caen en la volteada de esa impiadosa visión los frecuentadores de milongas de ‘medio fondo’ iguales a nosotros; ese Palermo Palace, que Julio Cortázar renombrara Santa Fe Palace,  por extensión de visitantes habituales abarcaba desde La Enramada por ahí cerca de los bailongos de la costa de Quilmes, tan pintorescos. Sitios aquí descriptos o más bien imaginados con una visión poco amable y descalificadora de quienes así se divertían y ‘nos sentíamos vivir’. Según en este cuento él mismo Cortázar acepta de Mauro y Celina, dos personajes realzados sin duda por esa calidad narrativa habitual en él. Ese innegable escritor argentino que en este relato se desgasta en ‘asombros’ de un reciénvenido, más bien propios a la desdeñosa premura que suelen usar los ‘críticos comprometidos’ con cualquier asunto o escenografía no comprensible por ellos, y mucho menos  en tanto resulte ajena a su entorno. Tal vez un pequeño detalle pero aquí muy certero.

      Y en este cuento que sabemos escrito en 1944 y sin apenas sugerencias del peronismo venidero, igual en el país se insinuaba cierta movilidad que más se pronunciaría de 1945 en adelante, perìodo donde tanto se modificara el entretejido social de los argentinos por factores sumados a la creciente migración provinciana hacia Buenos Aires. Esa instancia que entre otras muchas venían cambiando el crecimiento  de la comunidad toda, y en cuanto para eso sobran las estadísticas demostrativas, quiéranse o no, semejantes certezas numéricas nunca deberían merecer el `desgano` del escritor Julio Cortazar en abundantes renglones de su cuento Las Puertas del cielo. Y veamos algunos: Me parece bueno decir que yo iba a esa milonga por los monstruos, y no sé de otras donde se den tantos juntos. Bajan de regiones vagas de la ciudad… las mujeres casi enanas y achinadas, los tipos como javaneses o mocovíes…las mujeres con enormes peinados altos que las hacen más enanas…A ellos les da ahora por el pelo suelto y alto en el medio, jopos enormes y amaricados sin nada que ver con la cara brutal más abajo…Además está el olor, no se concibe a los monstruos sin ese olor a talco mojado contra la piel, a fruta pasada. Uno sospecha los lavajes presurosos, el trapo húmedo por la cara y los sobacos…También se oxigenan, las negras levantan mazorcas rígidas sobre la tierra espesa de la cara… De donde salen, què profesiones los disimulan de día, qué oscuras servidumbres los aislan y disfrazan. Los monstruos se enlazan con grave acatamiento. El polvo en la cara de todas ellas y una costra blancuzca detrás de las placas pardas trasluciendo” .

        Por supuesto esta transcripción es fiel pero no absoluta, así que resulta muy útil  apreciar la premura descriptiva y casi ceñida a lo escenográfico que relata. Casi como si fuera habitual ese rictus de una intelectualidad en viaje de ida, tan habituada a denostrar  ‘el malgusto popular’ como si ellos fueran los superadores de todo aquello que imponga hábitos y costumbres. Un feroz percance que suponemos, no mereciera la autoría narrativa del argentino Julio Cortázar; el mismo escritor luego reconocido además de su obra por sus frecuentes y elogiables actitudes personales. Y aunque esta visión que comentamos Cortázar también la tuviera. Pero bué….(marzo 014)
__________________________________________________________________. .
Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.


lunes, 17 de febrero de 2014

Argentina y la confusión opositora. (Feb.014)


      Argentina y la confusión opositora.                                      
                                 
     ...y en este rumbo la oposición se desvaloriza cada día.  

Opinión de Eduardo Pérsico.
 _________________________________________________  
      
     Con una inédita anticipación a las elecciones de recambio presidencial a realizarse en octubre del 2016, los opositores al gobierno de la presidente Cristina Kirchner profundizan por todos los medios de comunicación una ruptura del orden constitucional, al cuestionar sin mesura la validez del ejercicio desde aquí hasta su recambio, que debería darse dentro de dos años. Un planteo inédito de la oposición mediática a la cual se suman y enrolan - de modo políticamente temerario- todo aquel con aspiraciones a ser electo cuando sea y donde sea. Haciendo una lectura nada voluntarista de la verdadera instancia jurídica en la que transcurre la gobernalidad de los argentinos, absolutamente legítima actualmente, y en un país en el cual la posibilidad electoral de todo candidato habitualmente declina o aumenta en los finales de cada campaña por ciertos imprevistos que los medios de comunicación no logran disponer a voluntad, - según aconteciera con la elección presidencial que ganara Raúl Alfonsín y años más adelante con el casi imprevisto candidato y electo presidente, Néstor Kirchner- sobrarían los ejemplos donde los comunicadores del liberalismo económico más cerril y de mirada fija suelen perder de vista en sus anticipaciones electorales, como en otros avatares donde opinan sin rigor y según indican sus avisadores.  Una falencia ya casi risible al exhibirse cada día más opositor a todo acto de gobierno, sumando a esa oposición los gestos y poses de sus empleados televisivos, que anticipan tremebundas novedades super revulsivas que al fin, en el terreno del análisis conceptual se les derrumba por ser meramente discursivas. Limitaciones más que evidentes al invitar panelistas que de tan temerarios proponen el recambio anticipado de mismo gobierno nacional que obtuviera válidamente esa designación. Además ratificada en las elecciones de medio término al mantener su mayoría parlamentaria de las Cámaras representativas. Pero esta antiética tilinguería de lesionar el entramado social con imposturas desde canales de televisión y diarios afines, a cualquier ‘buena memoria’ la retrae a anteriores y viejas movidas hacia el descalabro nacional que aunque hoy sea ciertamente improbable, nos ilumina de la presencia constante de los mismos aciagos personajes, tradicionales muchos de ellos y otros recientes francotiradores emigrados o echados del mismo riñón político del gobierno actual. Por disidencias que se atribuyen a esa lucha constante dentro del peronismo como fuerza mayoritaria, que en esta instancia se exterioriza por el apresuramiento juvenil de dos o tres candidatos sin las horas de vuelo para encabezar la dirección de una política de masas. Aptitud dirigencial más que imprescindible si hablamos de peronismo en serio, y que en esta circunstancia exhibe en el escenario algunas inflexiones opositoras dentro de la misma fuerza apresuradas por algunos desplazados o desclasados de turno. Y que al preguntarse y  saber, quienes reciben hoy ese desgajamiento nada aluvional de la fuerza principal que es el peronismo,  no tienen un mínimo programa económico y político superador de la gestión actual de la presidenta Cristina Kirchner. En tanto  detrás de eso y según los nombres que se vienen sumando a esa novedosa filiación; y al margen de los ubicuos tránsfugas partidarios de circunstancia; no se vislumbran muchas figuras convocantes además de los buenos augurios de familiares y amigos, ni personalidades con legajo propio digno de incidir seriamente sobre el accionar y destino electoral de los argentinos. Más aún si contabilizamos que todo reemplazo de la gestión política actual debe contar con un piso o espectativa electoral a nivel nacional que supere al menos la mitad de los votos emitidos. Que no son pocos si vale recordar que cualquier alquimia ideológica que válidamente puede ensayar la oposición, debe ofrecerle al virtual votante mucho más que las editoriales de los medios de comunicación adversarios del gobierno en la Argentina de hoy. Y en tanto la historia ejerce la fatalidad de sus reglas como una resonancia de la realidad, hoy a inicios del años 2014 el apremio por sustituir un gobierno legítimo que termina su gestión en menos de dos años, es una propuesta estéril y propia de gente muy pero muy adolescente. Pero bué... (feb.2014)-------------------------------------------
Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.   
www.eduardopersico.blogspot.com .

jueves, 6 de febrero de 2014

NI MAS NI MENOS UN TAL BORGES. Cuento. .




Ni más ni menos un tal Borges.  
                                                                   Cuento de Eduardo Pérsico.

        yo, que por sentirme siempre un porteño sobrador y canchero, jamás me alejé de Buenos Aires.
     Ni bien en cierta reunión celestial o endiablada y vaya uno a saber por donde, al reiterarse las  contradicciones sobre la poesía significante y demás brujerías, el viejo Borges retomó su bastón y pidió salir a tomar un poco de aire.

- Un día la gente caminará hacia el sur… .

- … Pero no se orientará por las estrellas de los viejos navegantes  – le bromeó  un ayudante astral al tomarlo del brazo.

-  O tal vez persigan otra constelación más incierta - insinuó a media sonrisa el viejo-. Y por favor, camine sin llevarme a remolque; quiero estirar las piernas y dejar de escuchar frases sobre muerte, penitencia y fatalidad del tiempo. Esos trebejos que aburren a cualquiera.  

- Tal vez. ¿Le gustan los animales, Borges?

- No me desagradaban. Cierta vez me regalaron un gato llamado Peppo, un nombre horrible que yo renombré Beppo, como un personaje de Byron. Pero el gato ni se enteró y siguió viviendo. Murió y recién ahí aprendí a extrañar su pelaje….

     Y por ahí vagaría la semejanza del gato Beppo con los tigres, otra recurrida alegoría del ‘más grande escritor argentino’, en tanto el mismo suponía que él, Borges, de haber nacido perro sería un abacanado cocker spaniel, propiedad de alguna dueña veterana que al cepillarlo cien veces csada tarde le prohibiera trompetear tachos de basura en la madrugada. Sí, Borges hubiera sido un soñador perro de living sin necesidades – y quizá como estando en vida, todavía sonriera por esa idea. .

- Fuera de los caballos, que me atraían pero nunca  los traté de cerca, en mi vida pródiga en libros no abundaron los  animales – insistió el viejo. Y hasta Beppo, aquel gato más ventajero que atorrante que se dejaba acariciar, al presentirlo dormido sobre el sillón me atraía por ese enigma que nos suponen los gatos.

- ¿Los recuerda como a ciertos compadritos y gente de acción? .

- No, es diferente. Yo admiraba a cierta gente de acción; Juan Muraña, Jacinto Chiclana y algún otro de fama; tan diferentes en valía a la sensación de arrancar una anguila del barrial mierdoso que fuera el Maldonado entre el griterío de los demás pibes. Aunque  en mi memoria, nunca logré suplir esas ausencias con el trato de la palabra escrita…   

- Muchos dicen ‘Borges se equivocó al ironizar demasiado la política de su país’…

- Cada escritor vale por lo que escribe y nada más; y en esa tarea yo jamás descalifiqué gauchos, compadritos, indios ni laburantes. Aunque en mi último tiempo me tentaron a exhibir cierta estupidez política como un juego; algo horrendo en quien por sentirme siempre un porteño sobrador y canchero jamás me alejé de Buenos Aires ni de su esencia. Esas turbias sonseras que pronuncié fueron opuestas a mi anhelo de rumbear al sur cuando quisiera; una pena.
     
     Y sin que nadie ‘lo lleve a remolque’, según él pidiera por el arcano y oculto tal vez del ‘más allá’, ha de proseguir viaje ese viejo socio de nadie, criado tras una cancela colonial, ciego, piel transparente, inflexión inglesa al silabear ‘Borges quiere decir burgués’ y auténtico patrón de milongas y cuchilleros imaginarios o no, algo que resulta lo de menos… .

- Recuerdo una noche de invierno con unos amigos, buscasndo por varias calles de Barracas algún guapo de esos que reportaran los escritores- y esto nadie sabe si el viejo lo dijera o lo pensó. . .
¿Para usted lo popular fue una invención literaria?
-         No tanto, pero esa vez de un frío impiadoso anduvimos con Bernárdez y Mastronardi sin hallar abierto ni un bodegón de esos que mencionan los tangos. Las rituales de esquinas con gente de reírse sin tomarse en serio, según esa manera de ser más inteligente, por entonces cerrarían muy temprano..  

- ¿ Y no recuerda a un almacén con dos tipos en contrapunto y de provocarse hasta en la mirada? Uno era ‘El Inglesito’ que tenía su rostro, Borges; pero ahí usted lucía una seda al cuello y alpargatas de carrero cubriendo sus guarangos empeines. El mismo que hamacándose en el mástil de la guitarra; o del bastón, vaya usted a saber, anduvo desafiando ‘yo vine al sur porque estoy buscando un hombre y dicen que por acá sabe haber’. Y el otro cantor de flor montada en la oreja que afinaba desprolijo las seis cuerdas lo apuró, ‘no busqués roña Inglesito que te vas a arrepentir’.

- Esa idea me gusta, suena lindo – tal vez se dijera Borges.

- Entonces el que atendía el boliche desancló una faca y dando un cojonudo planazo en la mugrienta tabla de cortar fiambre, puso fin al contrapunto diciendo: ‘ Sí, de madrugada por aquí pasan al puerto unos estibadores muy guapos de verdad y hombres de trabajar aguantando el infortunio. Y ustedes dos, matones de carnaval, en mi casa están de sobra’ -los prepoteó el bolichero.

-  Otra vez escuché el mismo relato y no me disgusta. Yo ahí soy el Borges que me hubiera gustado vivir y sentir; payador de provocar en los bodegones, emborracharse con ginebra gruesa y pelearse por alguna hembra como cualquier mortal. Esas y otras imaginaciones que mucho sufrí por no disfrutar de cuerpo entero.  

-¿Y si volvemos al lugar inexplicable donde estamos, Borges?

-         - Estaría bien. Por más que esa gente insabora insista en saber porqué decidí morime en Suiza y privarlos de ser multitud en mi velorio, volvamos que este  frío me jode mucho. (febrero 014)
Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.

jueves, 9 de enero de 2014

Leopoldo Marechal, más que un escritor de amplio lenguaje.




Leopoldo Marechal, más que un escritor de amplio lenguaje.  (enero 014).
                                          Por Eduardo Pérsico.  
porque Buenos Aires por su origen y sus frescos aluviones no es una sóla  ciudad, sino treinta ciudades subyacentes y distintas. L.M.
     Leopoldo Marechal nació en el barrio de Almagro, Buenos Aires, en 1900 y moriría en 1970. En su inicio literario sería apreciado por sus escritos en la revista Proa y luego como director de Martìn Fierro, dos escenarios para la obra poética y narrativa de alguien con perfiles trabajosos de conciliar a veces por él mismo. Antes de cumplir treinta años,  el poeta Marechal recibiría en 1929 el Premio Municipal de Poesía por ‘Odas para el hombre y la mujer’, un texto muy estimado luego entre la cofradía literaria porteña por su equilibrio entre clásico y novedoso. Luego en 1940  obtendría el Primer Premio Nacional de Poesía con sus obras  Sonetos a Sofía’ y ‘El Centauro’, menciones que lo distinguirían antes de emprender su obra narrativa en 1948. Cuando ya por entonces su obra poética lo hacía comparable con Jorge Luis Borges y ambos  serían mejor considerados años más tarde. 
      Durante su niñez todos los veranos viajaba a casa de sus familiares a Maipù, una localidad a trescientos kilómetros al sur de Buenos Aires, en donde los amigos y familiares del lugar lo llamarían ‘Buenosayres’, nombre que adoptara en su primera obra narrativa de largo aliento, ‘Adán Buenosayres’. Novela donde se aprecian sutiles incidencias narrativas de Roberto Arlt, -que Marechal nunca desmintiera frontalmente- y se publicara en 1948 sin conseguir vender ni la mitad de su escasa primera edición,  Aunque dentro del ámbito literario local recibiera elogios muy entusiastas del poeta Rafael Squirru y del aún habitante de Buenos Aires, Julio Cortázar. En verdad, no pocos culparon de ese inicial fracaso  a la concepción partidaria del autor, peronista de la primera hora tanto política como afectiva, según acontece con ciertas adhesiones  duraderas en el entramado histórico y social de los argentinos. Sobre esa primera experiencia del peronismo el mismo ferviente católico Marechal trabajaría en el campo de la educación y la cultura, y él explicaría ‘al escribir Adán Buenosayres no entendía como salirme de la poesía. Y me pareció que la novela no podía ser otra cosa que el sucedáneo legítimo de la antigua epopeya de lo religioso y lo èpico’. Aunque en el  mismo texto del ‘Adán’, él  bien se entretuvo con varios personajes al ligarlos con personas reales de su amistad y bohemios de la vanguardia porteña. En el  astrólogo Shultze se ven rasgos personales del artista Xul Solar, el filósofo Samuel Tesler sería Jacobo Fijman, un judío converso al catolicismo, y hasta el mismo Borges, antiguo amigo de Marechal pero alejados por el peronismo, es Luis Pereda, un poeta criollista y algo ciego. En tanto el nacionalista Raúl Scalabrini Ortiz sería el petiso Bernini y a Victoria Ocampo la ridiculizó como Titania en el Infierno de la Lujuria. Digamos crueldad pero de intelectuales…
       Después de viajar a Cuba en 1967, - donde fuera invitado como Jurado del Premio Casa de las Américas y hoy allà su obra es muy elogiada – tal vez buscando cierta afinidad entre le marxismo y el cristianismo a su retorno sorprendió con unos renglones imprevistos. ‘Recuerdo que una vez en cierto debate sobre el comunismo realizado en París, creo que Jacques Maritain definió al comunismo como una ‘versión materialista del Evangelio’. Pensé entonces que era preferible tener y practicar una versión matrialista del Evangelio que no tener ni practicar ninguna’.Texto en verdad reflexivo por la envergadura de su autor y que casi publica el semanario Primera Plana el 2 de mayo de 1967. Ya casi en máquina de impresión se levantaría ese texto por esas cosas que suelen acontecer…  
       En su primera novela, ‘Adán Buenosayres’ se pueden pesquisar unos pocos lunfardismos pero decenas de términos habituales en el habla coloquial de los argentinos. Y ya en su segunda novela publicada en 1965, ‘El Banquete de Severo Arcángelo’. el crítico Tomás Eloy Martínez  observaría que la clave cierta de esa novela era el lenguaje. ‘Ese territorio donde Marechal se revela como un maestro. Su idioma es el que puede oírse en cualquier esquina de Buenos Aires, está teñido de giros zumbones, de alguna invención lunfarda y del barullo y la calidez que crecen en las conversaciones cotidianas’. Una certeza elogiosa de que Leopoldo Marechal igual a su primera obra en prosa de largo aliento,  señoreaba sobre su propio lenguaje. Algo tan lejano de los escribas que hoy instalan cinco puteadas en un renglón al sólo efecto de confundirse con lo popular.
       Es casi saludable apreciar que el Marechal del ‘Banquete’ apenas usara media docena de lunfardías; furca, berretín, apoliyar;  y sabiendo que el lunfardo  más que un léxico entre cazadores de palabras ‘al bardo’ es un aire y una atmósfera, nos autoriza a ciertos esguinces verbales siempre que por ahí respiren su comunicación los personajes. Según acontece al mechar terminos adversos según optara él en ‘Megafón y la Guerra’: ‘escuche jefe, si esta mufa sigue yo me abro del happening y vuelvo a la pizzería’. Habilitando más adelante ‘Flores, encajale un castañazo’ y que algún otro bramara por ahí: ‘¿Cuál es mi oficio? El de mantener a una runfla de vagos que apolillaban en sus catreras o aprendían a tocar bandoneones tan mártires como yo’.  Pero en ‘Megafón y la Guerra’ publicado en 1970, Marechal  merodea más que en lunfardías altisonantes en un tácito acuerdo con el lector, mostrando un clima delirante y de atorrantes varios donde un tal Frobenius interrumpe diciendo: ‘y yo haciendo uso de una metáfora porteña diré sólo que mi refutador tiene un corso a contramano en la pensadora’. O más adelante ‘este pobre náufrago quiere impresionar a la platea con un golpe de furca sentimental’, sumando por ahí una terminología coloquial y de entrecasa. Aunque en ‘Megafón’, su última novela, dispuso de algunos divertidos: ‘¿Y a usted qué se le frunce? –dice la vieja divertida’. ‘A mí no se me frunce nada – le gritó la otra’.
     El valor ético y estetico de Leopoldo Marechal ayudó a quitarle marginalidad al lunfardo y a ciertos ámbitos solemnes de la Argentina, en tanto él igual a Roberto Arlt frecuentaron palabras y estilos en su comunicación naturales a las voces de nuestro pueblo. Que en  definitiva son aquellas que indican nuestra posible permanencia histórica en el planeta. (enero 2014) ____________________________________________________________________  Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.
www.eduardopersico.blogspot.com 

jueves, 19 de diciembre de 2013

Roberto Arlt, su desprolijidad y el Lunfardo.



Roberto Arlt, su desprolijidad y el Lunfardo.

                                                     Eduardo Pérsico.
     

      ¿Arlt? Fue el modernizador literario por 1930 y más; era un lunfa.
           José Gobello.
                  .   

        El escritor Roberto Arlt, que viviera entre 1900 y 1943, inicialmente sería reconocido por el gran público por sus ‘Aguafuertes Porteñas’ que publicara durante años en el diario El Mundo de Buenos Aires,, desde la década del treinta hasta su muerte en 1943, aunque su trayectoria fuera ya considerada revulsiva y novedosa desde el años 1926 pot su primera novela ‘El Juguete Rabioso’ y más tarde ‘Los siete Locos’. Su obra más reconocida y polémica por su tratamiento narrativo desenfadado y considerado desprolijo entonces por la crítica aún teñida de prejuicio al tratamiento que Arlt instiuyera con sus ‘desprolijidades’. Que con frecuencia y al delinear una situación o personaje,  derivaba en la misma parrafada de lo ficcional a lo ensayístico o lo periodístico a un cierre literario, sin previo aviso. Una ‘desprolijidad’ que sin vuelta y gracias a él, resultaría la modernización de la narrativa de los argentinos que sin rebuscamientos, de la producción de Arlt en adelante sería diferente. Y en las instancias históricas donde el Arlt escritor exhibe sus variados personajes suceden a fin de los años veinte en un contexto de fermentos sociales novedosos; incipiente nazismo, fascismo y otras sordas luchas de dominación nada desatendibles en nuestros pagos.    
        Este escritor que naciera en el barrio de Flores, en Buenos Aires, perteneció a una familia donde se hablaba ‘y pensaba’ en alemán,  y él recordaría que al menor desajuste de conducta su padre le decía ‘mañana te voy a castigar’, promesa de cargado sadismo que su padre siempre cumplía y luego incidencia que Arlt recrearía por 1926 en su primera novela ‘El juguete rabioso’ y luego rozaría como periodista en el diario El Mundo, donde editaría sus famosas ‘Aguafuertes Porteños’. Aquella masiva y recordable columna entre los lectores de mayor exigencia que también frecuentaban el ambiente teatral independiente de Buenos Aires, como lo era entonces el Teatro del Pueblo dirigido por Leónidas Barletta. Ambito pródigo en representaciones de corte  literario que abordaban desde  la alienación ciudadana a la humillación humana más escondida, que el mismo Arlt solía detallar con la reiteración o el desdoblamiento escénico en sus escritos. Y a pesar de algún fortuito fracaso en el circuito comercial, después de su muerte en 1942, dos de sus obras ‘Saverio el cruel’ y ‘Trescientos millones’, recibirían un redoblado reconocimiento no sólo del ambiente teatral sino de gran parte del ámbito cultural; y su autor Arlt pasaría a ser estimado ya no como un precursor del teatro social argentino, sino también y además según fuera el recordable comentarista de alguna moda posterior, como el ‘existencialismo’, por ejemplo. Y más bien por esas cosas que se creyeron apartadas de su respiración porteña en cada uno de sus renglones, no es temerario decir que Roberto Arlt en su extensa obra no representó la imagen triunfalista de lo ‘argentino’, que por décadas asumieran las figuras más nombradas de ‘nuestra la literatura nacional’, signadas por los atávicos suplementos literarios del día domingo en Argentina. Pero bué, son esas cosas…      
            
          Arlt y el Lunfardo.  Por lo dicho y para bien valorar su calidad narrativa, -con frecuencia descalificada por escasa lectura- bastaría releer el copete de cualquier capítulo de ‘Los siete Locos’, donde en dos o tres líneas Arlt ubica situación, clima y personajes sin repetir una palabra. Y a esa aplicación natural de su condición periodística, a eso mismo él le sumaría certeza en cada descripción de sus tipos de Buenos Aires, con su manejo coloquial de las voces lunfardas que por bien asumirlas, sabía ubicabarlas con propiedad y sin el rebuscamiento de un reciénvenido. En cuanto para él como aconteciera con los en verdad serios conocedores, -con José Gobello al frente y toda la Academia Porteña del Lunfardo y ya lejos de ser el idioma del delito- el lunfardo dejaría de ser una caprichosa recolección de ‘términos-acertijos’, y ser en sí mismo además de un recurso, con la inflexión y clima propios al habla coloquial de los argentinos. Que usado con el sobre abundamiento habitual entre  los ‘reciénvenidos’ al juego suele empobrecer todo con una frase…

        Y este rumbo vale recordar el breve libro ‘El Informe de Brodie’ de Jorge Luis Borges, sorpresivamente publicado en 1970 y Arlt había muerto en 1943, y tardìamente ‘el gran contradictor’ sentenciaría que Roberto Arlt desconocía el ‘lunfardo’, - ‘ese código entre dos para que no se entere un tercero’- decimos nosotros. Y sin previo aviso y mucho tiempo antes, Arlt le había respondido a Borges sin nombrarlo con un texto muy extenso que abreviaremos: ‘Last Reason, Félix Lima, Fray Mocho y otros influyeron mucho más en nuestro idioma que todos los macaneos filológicos y gramaticales de esa pandilla polvorienta y malhumorada de los Académicos y ratones de biblioteca, que lo único que hacen es revolver archivos escribir memorias, que nadie se ocupa en leer porque tan aburridas son. Porque este fenómeno de la ‘lunfardía’ nos demuestra hasta la saciedad lo absurdo que es pretender enchalecar en una gramátca canónica las ideas siempre cambiantes y nuevas de los pueblos’. Eso ya justifica reproducir algunos de su textos: en ‘El juguete rabioso’ su primer libro, dice algunas frases: ‘rajemos, la cana. Es demasiado cerca y la yuta tiene olfato’. ‘Y me hice el que esperaba el bondi’. ‘Sabés, lo amurè al turco Salomón’. ‘Minga de alegrías, minga de fuestas; esto ya esgunfia’. Y por ahí alguien canta en un patio ‘tengo un bulín más shofica que da las once antes de hora, y que yo se lo alquilé para que afile ella sola’. Esto bien valdría para acallar no solamente a Borges, más en ‘Los siete locos’ Haffner, el rufián melancólico le dice a Erdosaín: ‘el mundo está lleno de turros y de infelices. Entonces me háre cafishio. Es una merza de ladrones, que le dicen su sus mujeres à tal fioca no debés saludarlo’ o ‘la yiranta desprecia a la jermu del prostíbulo’. Y el boticario Ergueta cuando Erdosain le pide dinero le contesta ‘¿Vos te crées que porque yo leo la Biblia soy un otario?’. Y este mismo personaje, Ergueta, en ‘Los lanzallamas’ despacha su sermón célebre y resonante: ‘¿Saben a qué vino Jesús a la tierra? A salvar a los turros, a los chorros, a los fiocas. El vino porque tuvo lástima de toda esa merza que perdía su alma entre copetín y copetín. ¿Saben ustedes quien era el profeta Pablo? Un tira, un perro, como los de Orden Social. Y yo les hablo en este idioma canero porque me gusta como chamuyan los pobres, los humildes, los que  yugan. A Jesús también le daban lástima las reas. ¿Quién era Magdalena? Una yiranta, nada más. ¿Pero que importan las palabras, lo que interesa es el contenido, el alma triste de las palabras, reos’. Una categórica impresión que conlleva ademàs de la expresión de un personaje literario, una clara definición que el escriba impusiera en el texto sobre su propio lenguajes, y al fin lo resumiera sin alargamientos  innecesarios, como frecuentes y tentadores.
       
        Roberto Arlt por ser uno de los grandes sigue vigente según un infaltable referente de nuestra literatura. En verdad y acaso gracias a su `desprolijidad` él se convertiría en el gran modernizador de los hábitos narrativos y acaso el escritor de ficción más leído entre nosotros. Que por ahora, es apenas eso. (Dic, 1013).
______________________________________________________________________
Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Martin Fierro y gaucho Cruz según el Mingo Echeverri.



          

      Martín Fierro y gaucho Cruz según el Mingo Echeverri.
  
 
                y aquí me pongo a cantar con cualquiera que se ponga         
                                              
                                                             Por Eduardo Pérsico.
        
                             Como Periodista Especializado y Atemporal, yo el Mingo Echeverri acaso me despreocupé demasiado de la ‘intertextualidad y adyacencias’ de la impiadosa soledad pampeana, pero ya es tiempo de abordar el tema. En principio sabiendo que toda historia se interpreta mejor más allá de lo sucedido, en tanto  siempre subayacen debajo los pápitos de cuánto no se contó y así, injustamente, se quedaron sin relato acciones de alguna batalla que la historia posterior estimara decisiva, los acallados insultos y entredichos de los personajes de cualquier novela exitosa  y hasta por ejemplo, la calentura que debió bancarse  el cochero en el libro de Flaubert, al transportar detrás suyo aquel novelero cuerpo a cuerpo entre su madame Bovary con el Rodolfo Boulanger. Y en esa misma frontera de literarias omisiones, cómo no imaginar el amasijo previo de Juan Moreira con su amante en el prostíbulo donde al rato nomás lo mataran por ‘gaucho vago y mal entretenido’; y qué injusticia nombrarlo así. Asimismo y sin desechar otros  buenos ejemplos, imaginemos el quilombo mental que sufriría ‘Funes el memorioso’, - personaje del viejo Borges- si se olvidaban de darle la pastilla recordativa para devolver a su marote hasta el formato de un árbol hoja por hoja, según él sabía memorizar. Y por esa obligación de Periodista Especializado y Atemporal que detento, con seriedad y no como esos temerarios que hablan de literatura en el suplemento dominical ignorando hasta quién soy yo; el Mingo Echeverri;  les ilustraré a propósito de ‘la intertextualidad y sus alrededores’ en un diálogo de Martín Fierro con el gaucho Cruz. Renglones que omitiera en su libro el mismísimo José Hernández, y ni siquiera insinuara lo ciertamente hablado en los  anocheceres por esos dos aparceros de la soledad pampeana.
-         Y sí, - en algún momento habrá dicho el gaucho Cruz- aquí el agua está a un metro abajo nomás; hay brotes  de duraznillo blanco y ese dato es infalible. Pero hoy y de seguir hablando de la pampa argentina, me gustaría saber don Martín: ¿es usté freudiano o lacaniano?
- Según de ande sople el pampero, gaucho Cruz. ¿Pero diande sacó usté esa pregunta de la intimidá?
- Es que si debemos seguir otro siglo más en esta soledad, hay que rebuscar algún tema de conversación. ¿No le parece? – y la carcajada de esos dos gauchos sacudió parte del campo argentino… No tanto pero casi.  
-          
-         - Tiene su razón paisano. ¿Se acuerda del Mingo Echeverri,  ese pueblero que se las sabe todas? Bueno, anda diciendo que en cien años más o menos, en estos parajes se casarán mujer con mujer y varón con varón. Y mucho antes de esa perdición ya existirán dotoras, comisarias y hasta presidentas de tacos altos y pollerita corta que nos indicarán como hay que caminar, sentarse para comer y otras cosas difíciles de explicar sin usar malas palabras, que usté sabe. Y andan avisando que cuando menos lo esperemos se van a descargar con el matrimonio igualitario y otras indecencias. ¿Qué me dice? Matrimonio igualitario…
-         ¿Y eso de igualitario qué quiere decir, don Cruz?
-         ¿ Ni siquiera lo supone, don Martín? /Qúe flaca imaginación/ Mujer entre ellas, hombre contra hombre, yo tu él los otros las otras y ella…   
-         • Yo les aviso desde ya a familiares y amigos, conmigo a eso ni lo sueñen - carcajeó el gaucho Martín Fierro y la siguieron con el gaucho Cruz yendo y viniendo con esa ‘brujería del matrimonio igualitario’.
-         • Bueno, eso llegaría ni bien empiecen a mandar las hembras. Y vea usté, gaucho matrero, si esa es manera de pensar una persona humana.  
-          
-         Pero a eso le aconsejo que ni se oponga. Es un negocio redondo, gaucho Cruz. ¿Qué maldición de diablo mandinga ni cuento chino? Que ellas se hagan cargo de todo y nosotros a disfrutar. ¿Le parece poco? – y las risotadas de ambos paisanos se oyeron hasta en la pampa de al lado. (dic.013)
_________________________________________________________________   
Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.
www.eduardopersico.blogspot.com

sábado, 9 de noviembre de 2013

Discepolín y la porteñidad sensiblera y burlona.



Discepolín y la porteñidad sensiblera y burlona.                         
                                 Por Eduardo Pérsico.

     
            .igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches se ha mezclao la vida Y herida por un sable sin remaches…Cambalache. Enrique Santos Discèpolo. (1934)


La intrepidez para vincular en un ‘cambalache’ a un valor ‘sagrado’ como la Biblia con un calefón, bien le serviría a Enrique Santos Discèpolo al gritar ‘que el mundo fue y será una porquería’; uno más de sus anárquicos reclamos unido a una invocación celestial. Que tan bien perfilaría ese habitual estilo en sus escritos estimados muchas veces de contradictorios y al fin serían una referencia cultural de los argentinos. Es que al margen de tantos pensadores de trasnoche que lo endiosaran como ‘un pensador filosófico’, por su talento instintivo Discepolín sería diferente a los autores de su tiempo por abrevar en la ilustración de su hermano Armando; catorce años mayor y un serio intelectual que estableciera el Grotesco Teatral rioplatense con sus obras ‘Stéfano’, ‘Mateo’ y ‘Mustafá’, por mencionar tres. Ante ese bagaje de ‘espíritu crítico’, a Discepolín se lo exaltaría con desmesura al considerar profética y filosófica toda  expresión reiterativa del sentido pesimista de los argentinos. Que al convertirse en ‘sentencias discepolianas’ más allá del universo tanguero, persisten en la entretela conceptual por ese misterio de la idolatría que existir, existe….   

       Enrique Santos Discépolo, - marzo de 1901-diciembre 1951- fue hijo de don Santo, un músico napolitano radicado en Buenos Aires- y llamado Discepolín por su magra contextura se formaría junto a su hermano Armando, catorce años mayor y un dramaturgo sustancial al Grotesco Teatral Rioplatense. Bajo esa tutela y atraído por las expresiones de la época se nutriría en el ambiente del tango, luego de intentar la autoría teatral y la propia actuación. Muy joven en 1917 debutó como actor al lado de Roberto Casaux, intento que él mismo calificaría de fracaso por más que luego insistiera con ‘El hombre solo’y ‘El organito’, dos obras de intención social  bosquejadas con su hermano. Luego actor de reparto en ‘Mustafá’ del mismo Armando y éxito por los años veinte, creció en el entusiasmo de una Argentina con Irigoyen, Gardel y el favor popular por el teatro y el tango. Tiempo en el que  Discepolín entrara al ambiente nocturnal de Buenos Aires aunque ‘Bizcochito’, su primer tema y el revulsivo ‘Que vachaché’ de 1926, ‘fracaso epocal’ por cuanto una sacrílega mujer lo ‘piantaba’ al hombre que la mataba de hambre, serían relegados por los temas de Pascual Contursi y Celedonio Flores, dos fundacionales de la tanguedad. Hasta que en 1928 la cancionista Azucena Maizani cantara ‘Esta noche me emborracho’, un tema donde Discepolín le dedica renglones a un viejo amor que maltratara el tiempo,  con cierta cargazón machista sobre la mujer que hoy sería primaria ante la realidad siglo veintiuno. Algo que reitera al cometer el imperdonable ‘Justo el 31’, brulote que grabara Tania, - su compañera desde 1928 hasta 1951-  quien en 1932 lo grabara para el sello Columbia junto a ‘Yira Yira’, ‘Confesión’, ‘Sueño de Juventud’ y otros temas tan recordables como ciertas frases inmejorables que él acuñara. ‘Una canción es un traje que busca un cuerpo que le quede bien’. ‘La tristeza es el corazón que piensa’, ‘El tango es un pensamiento triste que se puede bailar’. ‘Los hombres de grandes ciudades no se detienen ni ante las lágrimas de un desengaño’. .
       
         Luego del éxito de Tita Merello al retomar ‘Que vachaché’ y convrrtirlo en suceso, varios músicos argentinos en Europa lo difundirían  y ya la fama no  abandonarían a Discepolín. Con un prestigio constante por el éxito de sus temas y su tarea de charlista en Radio Municipal, donde por 1930 sería apreciado por su irónico desenfado de porteño sobrador y canchero, - por entonces nada frecuente en radio-  tanto que por otras emisoras llegaron a repetir lo dicho por Discepolín ante la muerte de Luigi Pirandello, por ejemplo. Un gesto inusual del ambiente que también lo animara de modo paralelo en su tendencia a lo personal y anécdótico. Ese perpetuo perfil de Discepolín evidenciado al contar a gusto improbables situaciones y referencias suyas siempre airosas, por supuesto. Se diría que al menor descuido Discepolín se interpretaba según fuera un pintoresco de la noche dueño de su propio anecdotario y relatara, por ejemplo, su visita a un impreciso club de barrio porteño llamado ‘Lagrimas, Flores y Sonrisas’ y de paso referir un fantástico suceso que entre quienes lo trataran entonces, - el actor Osvaldo Miranda y el mismo Homero Manzi, sus dilecto s amigos- entenderían un desafío a la ingenuidad del resto. Y cuando alguien le advertía su adicción a ese ‘libre macaneo’, Discepolín seriamente los corregía ‘ojo, que yo no invento mentiras ni macaneo. Lo mío es un ejercicio de imaginación’. Agudeza propia de quien ‘al fin se interpretaba a sí mismo’.  

       Con sólo dos dedos sobre el piano, Discepolín compuso letra y música sus temas  y sus farragosas lecturas le abrírían aspectos de esa revulsiva època. Un perfil notorio en los primeros escritos de su personaje radial ‘Mordisquito’, sería el reflejo aporteñado del pesimismo canchero y sobrador de los argentinos, ahondado en la letra de su ‘Yira, yira’ al pintar el escepticismo vigente por 1930 en nuestro país. Sus temas además de ratificar al tango como un género cantable con argumento, harían reconocerlo por sus inquietudes teatrales y cinematográficas, a pesar de su despareja película ‘El Hincha’. Ese intento frustrado por la sobrecarga discepoleana del personaje central, que él mismo después admitiera entre amigos.  

        Enrique Santos Discépolo nació en el barrio porteño del Once, el 27 de marzo de 1901 y murió el 23 de diciembre de 1951. Fue autor de una treintena de temas cantables y no menos de la mitad fueron y son de consentida audiencia. Su  compromiso con el peronismo y la adhesión a su personaje radial ‘Mordisquito’, que con mordacidad y certeza callejera bajaba la línea política del gobierno peronista, lo distanció de muchos ‘amigos’ de la farándula bohemia. ‘Gente muy simple, tan simple que no es peronista’ arguyó con tristeza un Discepolín muy enfermo al discontinuar sus charlas radiales. Que para final le escribirían Abel Santa Cruz y Miguel Coronato Paz, dos muy reconocidos autores, más quizá también Julio Porter, coautor con Discépolo de ‘Blum’, la obra  teatral de 1948 y 1949 en Buenos Aires.   
       
        Sin duda y sobre el mismo Discepolín contradictorio y complejo, Enrique Santos Discèpolo culminaría siendo un valor de inevitable importancia en la cultura popular de los argentinos, y dentro del escenario de los mejores. (Nov.2013)  

Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.