sábado, 11 de mayo de 2013

FORJA, UNA SEÑERA FUERZA DE ORIENTACIÓN. Opinión.

Forja, una señera Fuerza de Orientación. Por Eduardo Pérsico- .. la llegada del peronismo en 1945 y el retiro de Forja, le menguarían al radicalismo el sustento de su discurso. El golpe militar del 6 de septiembre del 1930 contra el gobierno de Hipólito Irigoyen, - político que de verdad propiciara una mayor participación popular- devino con la asunción presidencial en 1932 de Agustín P.Justo, un emblemático representante de la oligarquía que acrecentó la penetración de intereses de Gran Bretaña sobre nuestro país. Quienes nombraran a la Argentina ‘el granero del mundo’ en un período donde más se extendería la desigualdad social y los momentos de ‘tristeza histórica’, diría el socialista Alfredo Palacios. Y ese proyecto riguroso y reaccionario también traería movidas dentro de misma la sociedad y entre ellas, la aparición de FORJA, Fuerza Radical de Orientación de la Joven Argentina; agrupación que se iniciara con la dirección de Juan B. Fleitas y de Manuel Ortiz Pereyra, con más Homero Manzi, Arturo Jauretche, Luis Dellepiane, Gabriel del Mazo, Atilio García Mellid, Jorge del Río y Darío Alessandro, padre. Se sumarían luego Raúl Scalabrini Ortiz, Leopoldo Marechal, los González Tuñón, Oliverio Girando y Jorge Luis Borges, un Irigoyenista que expresara en Fundación Mítica de Buenos Aires: ‘El primer organito salvaba el horizonte y el corralón, seguro ya opinaba:Yrigoyen. Algún piano mandaba tantos de Saborido’. Aunque pronto y por rencillas internas a su etapa de fundación, no pocos se desvincularan de FORJA, y cuando Homero Manzi les insistiera que volvieran, varios incluído Borges no aceptaron.. FORJA, que en su inicio requería pertenecer a la Unión Cívica Radical, tuvo escasa participación en la vida política partidaria y su actividad consistiría en investigaciones sociopolíticas, publicarlas, ordenar debates en un renombrado sótano de Lavalle 1725, en Buenos Aires, y organizar nutridos actos callejeros. Más alrededor de 1940 se impondría en cierta interna de la organización el grupo liderado por Raúl Scalabrini Ortiz, quien luego delegaría la conducción en Arturo Jauretche toda esta tarea de esclarecimiento proseguiría con el mismo ímpetu. . Hasta que en la escena política de los argentinos asomara el peronismo como un verdadero factor de cambio y ese hecho sustancial, tres meses después al 17 de octubre de 1945 y de una movilización de masas que de allí en adelante reeditaría cada tanto el peronismo, FORJA se disolvería. Y según sus principios lo haría con otra inequívoca demostración de su madurez, inédita en la vida política de Argentina, suscribiendo esta declaración: ‘el pensamiento y las finalidades perseguidas al crearse FORJA están cumplidas al definirse un movimiento popular en condiciones políticas y sociales que son la expresión colectiva de una voluntad nacional de realización cuya carencia de sostén político motivó la formación de FORJA ante su abandono por el radicalismo. Y resuelve: la disolución de FORJA dejando en libertad de acción a sus afiliados’, Y de allí años después nos diría un referente radical, que la llegada del peronismo en 1945 y el retiro de Forja a la vez, le menguarían al radicalismo el sustento de su discurso. . Y sobre lo dicho agregaremos un lúcido fragmento sobre esta organización del sociólogo Juan Godoy, de la Universidad de Buenos Aires. FORJA fue un movimiento profundamente original y nacional. No tomó esquemas realizados para otras latitudes y tampoco basó su ideario ni en el liberalismo, el marxismo o el fascismo. Más bien desde FORJA se procuró un esquema propio de industrialización y dirigir el pensamiento nacional con sus implicancias económicas y culturales propias. Por lo dicho y volviendo sobre la condición socio político que generara la creación de una organización, su tarea merecería, al menos, el reconocimiento de las agrupaciones gremiales hoy actuantes. No solamente por la ilustración teórica que ellos aportaran al sindicalismo de los argentinos, sino como ayuda memoria al repasar críticamente los perfiles que parecieran envilecer durante décadas ‘la relación obrero patronal’ por estos pagos. Algo que no incluye sólo a los muy veteranos y con frecuencia, inamovibles dirigentes obreros ajenos a toda renovación generacional, que sin aceptarlo al fin proceden aliados a otros intereses. El laburante común necesita que sus dirigentes se desvinculen de otros ajenos programas de acción, y en algunos casos dejen de ambular por los medios de comunicación para explicitar sus logros con una frecuencia innecesaria. En principio porque si la mejora existe ya lo perciben los mismo afiliados; pero por cierta pulcritud conceptual no es edificante repetir tanto televisivo discurso a veces contradictorio. Y con menos exposición eviten que alguna turbia corriente de pensamiento instaure en el inconsciente colectivo que las relaciones laborales siempre encallan en una ‘asociación sindical patronal’. Un entente que jamás aconsejarían desde FORJA, bien sabedores que eso siempre dejaría litigios sin resolver; (mayo 2013) ___________________________________________________________ Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina. www.eduardopersico.blogspot.com ___________________________________________________________

jueves, 25 de abril de 2013

Suponer ser un rato de Clase Alta. …y tanto el halago como el insulto se pierden si son muy reiterados. . Natalio Botana. En la Argentina durante décadas ha crecido una clase media muy activa, y la tan evidente hoy se confiesa algo contraria al gobierno de turno. La última marcha de protesta ocurrió el 18 de abril del 2013 y concitó mucha adhesión a cuestionar la gestión oficial, con un gentío que mostró su indignación ante los controles de cambio aplicados por el gobierno y a la gestión de los organismos de recaudación impositiva, llámese AFIP o parecida. Desconociendo hasta la sanción de una ley reguladora de los medios de comunicación monopólicos frenada por demoras judiciales, y en ese rictus de negación desprecian por fascista y autoritaria la mayoría legislativa que el voto popular le otorgara al partido gobernante. Algo tan infructuoso de justificar políticamente como el repudio a los proyectos sancionados en la legislatura nacional el 25 de abril, sobre democratización de la Justicia, Corte Suprema incluída. Y además en cada manifestación pregonan eliminar a ´todos los responsables y adictos de la dictadura gobernante en Argentina’. Estos grupos adscriben a un pudiente estrato económico, - todavía lejos de modificar el rumbo de un gobierno electo democráticamente- que tal vez se suponen ser aspirantes a instalar otra realidad institucional y económica. Instancia que les requeriría unificar algún temario político que por ahora se expresa muy disidente entre sí, debiendo además superar ese delirio adolescente de asaltar el gobierno a sartenazo limpio. Como si ellos como emergente social tuvieran los medios hoy inexistentes que otrora usara la Clase Alta argentina y sus mandantes empresariales para asestar el infame golpe genocida junto a las Fuerzas Armadas en marzo de 1976. Algo históricamente improbable para estos limitados y apenas molestos golpistas, tan infatuados de ser de una Clase Alta con poderío, perfil demasiado ajeno a ellos. La clase alta argentina se jactó de ser ellos quienes ‘hicieron el país’, y aunque no siempre coincidieran entre familias personajes y negocios, hasta se evidencia que cada grupo ha tenido sus propios historiadores. Que igual coinciden en que ellos como clase, produjeron el desarrollo económico de la Argentina; omitiendo en todo caso que ese ‘no distribuido desarrollo’ le ha redituado siempre más al Imperio Inglés que a nuestro mismo país. Sin hurgar demasiado, nuestra literatura gauchesca del siglo diecinueve no indica con datos sobre la miseria que le provocaran a los indígenas,- eliminados para ahorrar- y los mismos inmigrantes que al llegar se hubieran aventurado hacia la campaña. Y aunque pareciera que la revalorización nostálgica nunca fuera desplegada desde la clase alta, para ellos el mundo mejor es el de su pasado; eso sí entorpecido por las inmigraciones con sus conflictos sociales hasta alguna década del siglo veinte, que les dieran a la Clase Alta cierta nostalgia por un ayer que confiaba en la propia fuerza como grupo. Algo que más decaería al sancionarse la ley Saénz Peña de voto obligatorio, seguido por el gobierno de Hipólito Yrigoyen en 1916, que para mucha Clase Alta significó que la vida sin contrariedades sería del pasado. Y aunque ya fuera común lamentarse ‘cuando nosotros gobernamos existía lo refinado y noble’, Hipólito Yrigoyen en sus dos presidencias tuvo ministros de notorio ‘apellido’; Honorio Pueyrredón, Francisco Beiró, Horacio Oyhanarte, Domingo Salaberry; y desde 1922 a 1928 nuestro presidente fue Marcelo T.de Alvear. Sencillamente porque esa misma Clase Alta no era ajena al ruedo dirigencial del país, y no sólo algún Martinez de Hoz navegaría las aguas del poder político. Ellos como Clase Alta siempre colaboraron y bendijeron los golpes destituyentes contra gobiernos elegidos por la mayoría popular; y en eso debemos ser justos, fueron ellos.. En esto hallaríamos cierta coincidencia con los actuales manifestadores que pretenden adueñarse del gobierno a puro insulto y discurso. En toda política clasista el candidato nace con su propia clase y en la mentalidad del sector más poderoso económicamente eso mismo significa nosotros somos los elegidos para gobernar. Prerrogativa bien conservadora que hace a su racionalidad de clase, dentro de ese conservadurismo clasista el ser ellos Los que Mandan, eso más que ideología es una conducta innata y propia de su mentalidad. Así como la violencia en cualquier gobierno conservador o de derecha es inherente a la misma gestión, resulta su mecanismo más cruento pero inmediato y sigue abarcando los periodos de todos los gobiernos posibles. Veamos si los disturbios actuales en la civilizada Europa de los indignados son disueltos a través de negociaciones de los sectores en pugna; no jodamos, los disuelven las fuerzas regulares del Poder a garrotazo limpio. Y con el mismo ímpetu que lo hicieran en las huelgas de inicios del siglo veinte, en tanto el único programa de ideas del conservadurismo para enfrentar todo problema económico de la modernidad es el de la violencia física. Por lo cual deberíamos aceptar por esa razón demostrable históricamente, que : el gran despliegue del conflicto social que enfrenta el gobernar, para las derechas es renglón que se corresponde con la represión y ‘después veremos’. Esto se evidencia cotidianamente ante los desquicios sociales que les dejaría el capitalismo financiero a los europeos por estos años, donde los índices de la desocupación ya son inocultables ni disimulados con entrevistas y discursos. Es que si ante la desocupación masiva la única verdad es la realidad, no hay ningún gobierno conservador que use mejor solución que desarmar las protestas a pura violencia; algo que los tan ‘indignados de clase media’ en la Argentina, con otros medievales que gorilamente hasta se oponen a la Asignación Universal por Hijo, como si eso y el no poder comprar dólares libremente para viajar al exterior los identificara con la Clase Alta, pierden el tiempo. Ese grupo selecto pareciera ajeno a todo y aunque poco se exhiban públicamente ante los caceroleros, no los reconocen dentro de su grupo. Y esa ajenidad de clase tradicional y vigente, no solamente vincula a las ‘oligarquías’ con imágenes del ayer; por siempre contrarios al cambio de escenario y a nuevas dinámicas sociales, aquí, allá y más o menos lejos ‘ellos’ sostienen seguir siendo ‘ellos’ mismos. Y los caceroleros más pudientes por más exhibiciones que hagan, a ese club no pertenecen; porque les queda lejos y también las pautas de éxito social son abiertamente otras. Así que a conformarse en seguir gritando cada tanto contra todo; eso sí, magníficamente vestidos porque pueden hacerlo aunque sigan lejos de eso intereses de clase inalcanzables y ajenos. Que a pesar de una imparable y cotidiana dinámica mundial de nueva realidad, el síntoma de clase sigue mostrando complejos trebejos de figuración poco descifrables y vaya uno a saber porqué. Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina. (abril 013) www.eduardopersico.blogspot.com

lunes, 15 de abril de 2013

UN ENTRESUEÑO CON GARDEL Y BORGES. cuento.

UN ENTRESUEÑO CON GARDEL Y BORGES. . Cuento de Eduardo Pérsico. …y cantada por Gardel, mejor luciría una imperfecta milonga mía. JLB Y fue por ahí cuando el Jorge Luis Borges, a quien tanto le hubiera gustado descollar como payador en el almacén doña Rosa, de Turdera, entró a desovillar sobre Gardel y su extraña muerte. Los poetas se lucen cuando les parece, - es bien sabido- más no era fácil seguir la trémula voz de ese que con la vista opaca al decir ya respiraba en la frase venidera. Aunque fuera un gusto verlo apoyar sus manos en el mástil de la guitarra y hablar de ‘esas utopías que adoran los pueblos, como Carlos Gardel’. - Cada historia exige volcarse hacia la imaginación y el mito- se oyó en ese bodegón oloroso de moscato y aceitunas. Más cuando el Jorge Luis repitiera 'neblinas de la imaginación y el mito' con su mirada al cielo y su bastón de mano sobre otra como si hamacara una guitarra, y agregara ‘sin creer en don Quijote y Sancho Panza la historia de España no tendría pies ni cabeza’, enteramente se acalló el bullicio. Y tras un modesto ‘yo creo’, el Jorge Luis reiteró cada palabra como si contara un cuento sin recordarlo pero sí las voces para decirlo, en tanto los demás ansiaban conocer la muerte de Gardel ‘y gustar la sal nutricia de la certeza’, y él ahí acentuó que la muerte gardeliana en junio del '35 tenía sombras de verdad, y cada tanto ni siquiera eso... - Mucho se dijo que Carlos Gardel muriera en un accidente de aviación en Colombia, y eso sería incompleto - tartamudeó el Borges que anhelara ser un payador en el Camino de las Tropas, y se dio un resuello en su túnel de recordación. Un espacio sin renglón propio del escritor que acaso por sostener impenetrable su realidad, decidió morirse en Suiza negándole al gentío los ritos de un velorio, el llanto televisivo y fotos con el fúnebre jadeo del instante sin retorno. Con ese mismo estilo que él despreciara por teleteatrales los comentarios que en las horas previas al vuelo en Medellín, una mujer le exigiera al Zorzal Criollo el reconocimiento de sus tres hijos y se uniera con ella para siempre. - Olvidables desvaríos de sobremesa, señores, que luego culparían del accidente a ese mozo Alfredo Lepera, tan amigo del cantor como abrevador de Amado Nervo, que por un enredo de polleras arremetiera a balazos con toda la concurrencia. También se dijo que para demostrar el buen humor argentino al piloto lo ahorcaron con un lengue blanco al carretear el avión; con más otros decires de entrecasa para instalar un Gardel sin magia gardelera en los turbios callejones del olvido – redondeó y se contuvo a juntar aire. - Carlos Gardel, artista malversado por tantos imitadores con sonrisa de rocanrol y ajenos a la palabra tango, supo retirarse a tiempo. Y era tan anticipada su memoria que hasta temía por su voz luego de incinerarse en Medellín. ‘Tengo miedo de ser un muñeco publicitario’, acaso dijera. Y como además temiera que su inflexión arrabalera fuera deformada por tantos desafinados que nunca faltan, supuso que se difundirían titulares anunciando actuaciones de Carlos Gardel en Quito y Bogotá, desfigurado por el incendio, - o ‘ircerdio’- y aclamado al entonar su primera estrofa. - Mucha tontería fue glosada por los congeladores del arte al predecir que nadie cantaría como él. Y ahora se me ocurre cuánto mejorarían en su voz mis imperfectas milongas, así como tanto envidio no haber escrito ese ‘percanta que me amuraste’ de Contursi. Pero así fueron las cosas…. Por lo dicho se sonrió apenas el Jorge Luis, acaso imaginando a un Gardel que luciera de lustroso smoking, chambergo inclinado más ese audaz atuendo de gaucho palaciego, pero siempre él por mucho que lucraran con su gloria esa pobre gente negociante de un Gardel producto terminado. - Porque ese modernizador jamás sería cómico de varieté o ídolo de barra futbolera - dijo y se tomó resuello. Y a quien una noche lejos de mi patria Argentina le escuché cantar un deleznable tango que yo nunca apreciara. pero que al oírlo reviví mi calle de Palermo con una madreselva trepando a una tapia, y de pronto sentí que estaba llorando. Tal vez un llanto de la hombría, acorde a esa voz compadre de Gardel; porque lo popular debe saberse, es un secreto de los pueblos que se aprende adentro. Y ahí el hombre aquel desechó imaginar un Gardel que ensayara su sonrisa ante el espejo de un geriátrico, entre demás ancianos que se mearan encima. – Que el Zorzal sea otro cuerpo de esa tumba previa y entone ‘y chau Buenos Aires no te vuelvo a ver’ hasta que un enfermero lo silencia de un sopapo, es imposible. Ni un Carlitos bufón de discoteca sería tan irreverente… Alguien interrumpió al Jorge Luis Borges - antes o después de morirse en Ginebra, que eso menos importa- quien se hamacó sonriendo sobre su bastón o guitarra al escuchar ‘tiene razón el payador don Jorge Luis y basta de zoncera, señores. ¿En 1935 quien haría subir a Carlitos en un aeroplano que ni levantara vuelo? Vamos, que el Morocho no era ningún gil’. - Sí señores y es muy certera esa idea; no hay Gardel posible sin esa poesía de eternidad - concluyó el escritor que alguna esa vez se luciera por milonga en un boliche de Turdera. O en el sitio que los demás prefieran. (2013) Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina. www.eduardopersico.blogspot.com

martes, 2 de abril de 2013

Agua caliente a la izquierda. Cuento.

AGUA CALIENTE A LA IZQUIERDA, IGUAL QUE EN ZURICH Cuento de Eduardo Pérsico. La avenida de Mayo en Buenos Aires parece no existir hasta el cruce con Florida; ahí todavía sin muchas pretensiones de ser exclusiva y distante es ajetreada por caminantes del apuro bancario. Y nada exhibe allí la reminiscencia de imaginarios paraguas del 25 de mayo de 1810 cuando ‘el pueblo quiere saber de qué se trata’, ni las palomas ahuyentadas a multitud y bombo de las bullangueras marchas con sabor a revancha. A dos veredas de esos ecos de vivas y juramentaciones, en un bar con sillones canasta límites del Cabildo el Quelo Varela apuraba a pura sonrisa, verso y camelo, a una rubia azafata suiza que conociera en el trámite de cambiar unos dólares el día anterior y se negara a ser regresada en taxi a su hotel. Pero que le anotaba a Quelo su dirección en una servilleta de papel: Freni Dietz, Kloten, Zurich, Él en verdad leía ‘Vreni’ y ella aplicando sus dientes al labio inferior le repitió ‘Freni’. - Is my name - y él en tarzánico inglés le preguntó ‘¿do you like another whisky?’ Y acaso mejor sonaría 'juiski' pero si esta viajera al fondo del mapamundi entendiera la cierta intención de su ¿do you like?, no se escandalizaría. ‘Sí Quelo, no cualquiera actúa de exponente tribal ante una auténtica rubia europea que te diera su dirección en Zurich como si te invitara a verla ahí cualquier tarde de estas’. Así que sin esperar dispuso llevarla a conocer Buenos Aires, y ser ‘Quelo protector de azafata indefensa en la riesgosa ciudad, en repentina y apreciable ocurrencia’. -¿Ves? Por aquí sucedió el Cabildo Abierto de 1810; esta es la diabólica Plaza de Mayo donde los guarangos se lavaron las patas en la fuente en octubre del ’45 y durante años las Madres de los treinta mil Desaparecidos nos siguen espabilando una vez por semana que tengamos más memoria y eso muchos no lo entiendan. En esa Casa Rosada trabajan las autoridades nacionales, -es una manera de decir- te mostraré la Recoleta el barrio que desafía todo a puro lujo y ese desperdicio de cemento es el Monumental Estadio de Fútbol que pagamos a tanto por gol para disimular nuestro arrabal no capitalista. Esa confitería casi en sombras es la más costosa del planeta, very expensive, Freni, too much, pero allí hoy no entraremos porque /mirá que casualidad/, este es mi departamento. Donde debemos entrar sigilosos y en voz baja porque mi cama solitaria es ancha y ajena como la pampa y antes que me olvide, si querés ducharte la llave de agua caliente está a la izquierda, to the left, Freni, igual que en Zurich. - ¿Vos sabías que los sudacas no somos seres tan distintos? Ustedes, cronométricos que miden en décimas de micrones y nosotros, miserables de tanta inmensidad toda diferencia la mensuramos en hectáreas, y aquí vos y yo por mandato de la especie ajena a cualquier mapa, quizá tenemos ese mismo temblor de muestro primer apareo hace un milloncito de años en una íntima selva. Por eso y sin temor usemos nuestra encendida piel envuelta en acrobacias de tigre silencioso y pequeñas palabras, sin que tu rubor no sea fingido, Freni, y no sigas tensa en la habitación con sonrisa apenas y rubor de hembra sorprendida en silencio. Es tiempo de no temblar al besarnos y si tu sonrojo iguala a este ataque adolescente que me llegó de golpe, nuestra tímida escena defraudaría al espejismo que tienen de nosotros los países rubios. Y vos no dejes de ser Freni Dietz, alhaja suiza de mi corazón hablándome del cantón donde naciste y cómo te peinaban cuando eras chica antes de oír misa en la iglesia de Schauffhauser, igual que una piba de mi barrio. O apretada, muy apretada a mí pecho, me digas de aquel novio que inauguró tu ternura al llevarte en la bici tras el puentecito del Rhin, y no sigamos distrayendo nuestra desnudez recreando el pasado y averiguar de paso nuestra pasada historia. No vale renunciar a esta hora inolvidable, Freni, y ya probemos con suiza precisión que el amante argentino es de buena perfomance y poco rechazo de fabricación… Esa otra ficción nacional de ganadores imbatibles del principio al fin, así nos va en la vida... Dulce, te cuento que entre nosotros hacer el amor es el modo de seguir en el mundo, por bisnietos de algunos que hace un siglo enriquecieron a los sastres londinenses comprando trajes por docena y dando un saltito al Canal de la Mancha, coparon los burdeles de Francia a punta de guita y vaca llevada en el barco. Reprimido y represor morocho y argentino rey de París, Freni, estancieros millonarios con olor a bosta llenando los prostíbulos y despreciado por los rubiecitos de ojos azules, como los tuyos. Y no te rías mi amor de este secreto nacional porque vos, mujer hermosa del mundo civilizado conmovida si te beso los párpados y los dos en lenguaje mezclado lamentamos tanta demora en conocernos. Nos equivocamos, amor, vos no viajaste a Buenos Aires a lagrimear sobre mi pecho y a tatuarme una melancolía que ya presiento. Vos llegaste aquí a ver malambo con boleadoras y conocer a vetustos tangueros disfrazados con pañuelo al cuello; vos viniste a mi Buenos Aires querido para dejarme tu nombre en una servilleta de papel que al subirte al avión y por mucha añoranza que le inventemos, se borrará de olvido. ¿Eso no lo imaginaste, Freni? A nuestra final ternura de los dos en el aeropuerto la llenaremos de un futuro que bien pronto sentirá el olvido de otras nuevas miradas; y este nuestro intento de amarnos de fuga y contrafuga se llenará de tiempo… Recién despierto y ya la luz detenida en el corazón de la mañana, Quelo Varela miró a Freni replegada sobre su propio cuerpo. Un mechón de pelo desordenaba el blanco de la almohada y al quitarle una mano sobre su vientre, la besó tiernamente en un hombro. Una inigualable noche de olvido inevitable había pasado y él se refugió en un cinismo doloroso y absurdo: ‘era cierto, las azafatas suizas también son seres humanos’. Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina. www.eduardopersico.blogspot.com

domingo, 17 de marzo de 2013

APUNTES ENTRE PARÍS Y EL TANGO. ensayo.

APUNTES ENTRE PARIS Y EL TANGO. Eduardo Pérsico. ¿Qué hacés en Buenos Aires? No seas otario. Con tres cortes de tango sos millonario. Morocho y argentino, Rey de París… Araca París, de Carlos Lenzi. 1931. En su libro ‘Los Dueños del País’, el sociólogo Julio Mafud sostuvo que desde 1870 a 1914 para la clase alta argentina París fue una verdadera obsesión. En tanto esa ciudad fuera el centro de la Europa civilizada, aunque más también porque debajo de ese París ‘pour la galerie’ existía el otro París, ‘el de la prostitución refinada y las amantes eróticas’. Y muy anterior al libro de Mafud, en una publicación francesa de 1912 el pintor francés Sem, muy afín a Toulouse Lautrec, comentaría que el furor del tango argentino en París era una especie de ‘fiebre’, en tanto por esa segunda década del siglo veinte sucedía que a la circulación de las partituras de ‘La Morocha’, un cuplé asimilado al tango, y ‘El choclo’, ambos de Angel Villoldo, se agregarían las ‘exhibiciones bailables’ que Ricardo Güiraldes luciera por 1910 ante la aristocracia francesa. Semejante ‘neurosis’ tanguera desplegó una marcha fulminante por los teatros, cabarets y grandes hoteles de París, y esa certeza alentaría a viajar hacia esos pagos de los músicos argentinos Celestino Ferrer, Eduardo Monelos, Vicente Loduca, el bailarín Casimiro Aín en 1913 y por 1919, la orquesta de Manuel Pizarro, Genaro Expósito y otros intérpretes más. Como una coincidencia curiosa por el ámbito del deslumbramiento francés con el tango, muchos apuntarían que en Buenos Aires se conocían temas con nombres de madamas de prostíbulo, La Laura, la Queca o similares, que en París se difundían como Loulou, Marlene o Primerose. Y cuando el prestigio del tango en París se acrecentaba, los porteños decentes comenzarían a preocuparse: ‘y si París todo lo impone, ¿no acabará por hacernos aceptar en nuestra buena socirdad el tango argentino?’; se inquietarían la revista El Hogar y sus lectores por diciembre de 1911. Terminada la primera guerra mundial y antes que Carlos Gardel luciera en el Teatro Fémina de Champs Elisses como ‘la grande vedette argentine’, el tango en París seguía ligado al baile en salones aristocráticos y cuando Francisco Canaro viajó en 1925 con su orquesta, el sindicato de músicos francés ya imponía a los extranjeros vestirse con ropas típicas. Asunto que Canaro relató con en sus memorias sobre aquel circuito de dancings y salones de tango, ellos vestidos de gauchos ante príncipes, maharajaes y artistas como Rodolfo Valentino, el pianista Arturo Rubinstein o el violinista y aficionado milonguero, Jascha Heifetz. Por esos días y vecino al Florida existía el teatro Le Perroquet, donde el Tano Genaro conducía su orquesta y entre las matinées llamadas thés-tango brillaban el Claridge Hotel y el Ermitage de Champs Elysées. Además del emblemático restaurant El Garrón, de un argentino y sede estable de la orquesta de Manuel Pizarro donde se bailaba hasta la madrugada, igual que en el dancing Capitol, cuya orquesta típica recibía a insomnes calaveras hasta la media mañana. Por ese mismo tiempo hubo no pocos sainetes en Buenos Aires que ambientaron el primer acto en un conventillo porteño y el segundo en algún imaginario cabaret parisino. Y aunque la cultura del tango reflejara apenas el París del teatro o las letras, lo mismo la Ciudad Luz sería más nombrada que ninguna otra ciudad extranjera en el hablar de Buenos Aires. Quizá porque la cultura tanguera viera a la capital francesa como el mayor referente, sino además porque las aspiraciones extranjerizantes de la clase alta argentina ya se exhibían muy arraigadas. Y en ‘La Obsesión Francesa’, el autor Aníbal Oscar Claisse nos dice: ‘y en un muestreo hecho al azar sobre unos 2000 tangos me ha permitido registrar 632 alusiones a Francia, a sus usos y su cultura. ¿Y cómo se llaman las mujeres de los tangos? Frente a 46 Marías, Esteres, Nicanoras, Malenas y similares, me encuentro con 63 Ivonne, Yvette, Ninon, Germaine, Jacqueline, Claudinette, etc., apareciendo como campeona absoluta Mimí, con 15 menciones’. Y suponemos que si la protagonista del tango se llamara ‘solamente María’ como tantas chiquilinas embarcadas en Galitzia, Polonia, por los cafishos de la Zwig Migdal, por ser hermosas y rubias aquí bien serían negociadas como francesitas. Si al fin no pocas de ellas cubrirían los prostíbulos del Dock Sud y bien jóvenes irían a llenar el cementerio de la calle Arredondo en Avellaneda, Buenos Aires, siguiendo el itinerario de tantas ignoradas hasta en las letras del tango. . Desde ‘La que murió en París’, de Blomberg y Maciel en 1930, ‘Araca París’, de Carlos Lenzi en 1931, y ‘Anclao en París’ de Enrique Cadícamo en el mismo año, 1931, - temas de homenaje a la Ciudad Luz- ya antes hubo un repaso literario de lo francés demasiado gratuito y que nos propinara José González Castillo. Un innegable y valioso creador que en 1924 con su tango ‘Griseta’ se excediera en referencias inocuas con ‘mezclas raras de Museta con Mimí.acariciadas por Schaunard quien quería ser Manón, aunque fuera del Quartier; su barrio, donde soñaba con Des Grieux queriendo ser Manón’; más otros abstrusos acertijos inválidos para un escritor tan orientado hacia lo popular. Pero si González Castillo pergeñara esa letra para cumplir de sobra con su cuota parisina, por fortuna eso hoy nos sirve para indagar la vinculación cierta de nuestra expresión más representativa, el tango, con lo francés. Porque a excepción de los actores directos de esa recurrencia, -músicos y letristas - los hombres comunes de Argentina que madrugaban para trabajar en oficinas, talleres, fábricas y negocios, no amanecían con somnolencias parisinas y demasiado inquietados por viajar a París. Y sabiendo que la veneración tanguera por lo francés entre el gentío común nunca fue tanto, cabe pensar que los fervorosos impulsos parisinos fueron fabricados, anecdóticamente, no sólo por algún tango sino por quienes más estimaran la prostitución y las refinadas amantes. Esa clase alta de divertidos y dependientes muchachos económicamente más pudientes de la sociedad. (marzo 2013). Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina. www.eduardopersico.blogspot.com

martes, 19 de febrero de 2013

El Lunfatdo de los argentinos. Ensayo.





                                   EL LUNFARDO DE LOS ARGENTINOS.
                                                          

Por Eduardo Pérsico.


UNA COMUNICACIÓN DE  PERSONA  A  PERSONA.


          El lenguaje en el hombre se desarrolló según se aproximara a sus semejantes y usara más imitaciones de la naturaleza para comunicarse, más cuando por el año 1492 según el reino de España sus navegantes ‘descubrieron América’, sabemos que quienes aquí habitaban no difundieron la noticia gestualmente o con señales de humo; lo hicieron con ideas y palabras consolidadas por su reiteración. Y de choza a choza o margen de un río al monte o la montaña, los naturales de aquí se anunciarían la aparición de esos navíos con su propio lenguaje. Más luego, la forzada adopción del castellano en el territorio latinoamericano corresponde a una constante histórica donde el Poder se impone sobre la particularidad de cada pueblo; algo ya aceptado por Napoleón Bonaparte al asegurar que ‘un idioma es un dialecto con un ejército detrás’. Así que toda comarca suele demostrarse con algún perfil particular y nosotros en la Argentina, ese juego de identidad resultó ser el lunfardo, un código entre dos para que no se entere un tercero.
               
     Y el escritor Nicolás Olivari, (La Musa de la Mala Pata) que al ser preguntado si él hablaba lunfardo contestó ‘vea, yo nací en Villa Luro en el año 1900, cuando aquello era un suburbio. Frecuenté el trato de obreros, ex presidiarios, prostitutas y atorrantes, mis vecinos, y no tuve tiempo de aprender eso’. Una respuesta de Olivari que recuperó Jorge Calvetti y otros atribuyen a Roberto Arlt, (Los Siete Locos, Los Lanzallamas, El Amor Brujo), aunque  por tratarse de dos escritores fundacionales de las letras de Buenos Aires, esa autoría atrae menos que la respuesta. Y el mismo Roberto Arlt habló de este modo dialectal al polemizar con unos académicos por 1940: ‘esto demuestra lo absurdo de enchalecar en una gramática canónica las ideas cambiantes de los pueblos… y así esa gramática tendrían que haberla respetado nuestros tatarabuelos; y en progresión llegaríamos a concluir que de respetar ese  idioma aquellos antepasados, nosotros, hombres de hoy, de la radio y la ametralladora,  hablaríamos el idioma de las cavernas´.  Textual. 

Si lo ético de cualquier escriba es no subvertir o quitar eficacia comunicativa a la palabra, el lunfardo pudo comenzar como una lengua de la gente de mal vivir; pero esa definición iría perdiendo su secreto delictual al convertirse en un guiño de comprensión popular ajeno a sus primeros cultores. En el siglo veintiuno nadie discute que si este léxico surgió entre pocos para despistar a los demás: ´el argot lunfardo constituye un habla rápida, espontánea que brota de una manera natural... en vocablos y expresiones que acuden fácil y prestamente a la lengua’, dice Mario E.Teruggi en Panorama del Lunfardo, Sudamericana, 1979. Y por ese rumbo y ya en los aciagos días de la década del ’70, que entre los argentinos  se abrían y cerraban efímeras contraseñas al hablar y Humberto Costantini, quien recreara cierto lenguaje coloquial en su libro En la Noche, supo ver que entre perseguidos y perseguidores existían tantos códigos como grupos. Y ahí se aprecia ‘código entre dos’ que bien es extensivo a otra actividad o profesión con jerga propia. En tanto el habla de un pueblo es un sistema de signos diferentes a otros de la misma especie, y al obtener principios y gramáticas eso construye al fin un idioma. Un corpus donde cada lengua tiene fisonomía, giros y particularidad, y por eso y sin idolatrar nuestros queribles modismos, en Argentina hablamos castellano, en acuerdo a su gramática nos entendemos con el mundo, y ese asunto por ahora no lo pensamos cambiar. 

              

                      LENGUAJE, IDENTIDAD Y CULTURA,


          El lenguaje nos diferencia entre Civilización, - el amplio mapa de toda nuestra  manifestación- y Cultura, eso que sintetiza la estética peculiar de cada grupo comunitario. La Civilización cristaliza y estratifica el lenguaje, en tanto la Cultura lo desaliena y hasta lo modifica con expresiones ‘contraculturales’. No pocas variaciones estéticas de la contracultura fueron luego estimadas como clásicas, y el lunfardo como arista cultural de los argentinos, ocupó un párrafo en Radiografía de la Pampa, 1933, de Ezequiel Martínez Estrada: ‘psicológicamente puede ocurrir a un idioma algo peor que subdivirse en dialectos y cristalizar su forma al tiempo que se limita y amputa. En el dialecto vive el alma local, el paisaje vernáculo; en el idioma extenso o superficial la palabra desfallece y hasta reduce el número de sus términos’. Y sigue don Ezequiel: ‘la actitud desafiadora del compadre, el insulto, el neologismo de la jerga arrabalera son formas vengativas, afiladas y secretas de herir. Ese oculto rencor contra una lengua de filiación paternal puede conducir a  dos formas de escribir y hablar. Hablar al revés, al vesre, es una forma patológica del odio cuanto no de la incapacidad. No pudiendo usarse otro idioma, desdeñándoselo, en el trato social e íntimo se invierten las sílabas con lo que el idioma, siendo el mismo, resulta ser lo inverso’. Hasta aquí Martínez Estrada, un precursor de la psicología social en Argentina, y más luego aparece de Juan José Hernández Arregui en ¿Qué es el Ser Nacional?, de 1963, quien anota la acción regularizadora del grupo ‘porque la cultura está litografiada en su lengua las variaciones idiomáticas se ejercen desde el pueblo’. Y para avalar esto, ya Platón sabía que el pueblo es un excelente maestro y su lenguaje es el hecho social más definitivo.         

            LOS  PRIMEROS ESTUDIOSOS  DEL TEMA.          

           
                     Quienes en principio se ocuparon de la lunfardesca no coincidieron; algunos la estimaron una jerga gremial del delito y otros corrieron ese límite hacia ‘un jercicio comunicativo’.  Benigno Baldomero Lugones fue el primero en llamarla ‘lunfardo’ en un par de artículos publicados en el diario La Nación por 1876; luego por 1896 Antonio Dellepiane lo calificó ‘el idioma del delito’ y Alvaro Yunque más tarde habló de ‘un lenguaje arrabalero’. Por 1927, Jorge Luis Borges dijo en El Idioma de los Argentinos ‘el lunfardo es un vocabulario gremial como tantos otros, es la tecnología de la furca y de la ganzúa’; y para Juan S. Piaggio eso mismo era un ‘léxico con argentinismos del pueblo bajo’. Igualmente, en génesis ese vocabulario fue delictual y de bajo fondo, y el mismo Dellepiane, abogado de tendencia lombrosiana, entendió que ‘el lunfardo existe con su intención burlona, caricaturesca y su activa movilidad de cambio’. Y es innegable que lo dinámico valoriza cada comunicación humana y por cuanto la movilidad del lenguaje es constante, hoy ningún pueblo del mundo conversa en lengua muerta.
         
                    Muchas veces se dieron como vocablos de la lunfardía términos que sirvieron al rebusque ocasional para decir sin que se entere un tercero, pero al no durar las horas de vuelo para entrar al imaginario popular, desaparecieron. Mina, bulín, bacán o mishiadura, por ejemplo, perviven en el hablar argentino con leves cambios de acepción, en cuanto toda voz lunfarda debe transitar antes de convertirse en clásica, o sea, útil  para  dar clase. A cada forma comunicativa la sostiene su reiteración, todo lenguaje oculto al fin se pierde y el uso de cada vocablo vale a su decantación  en solera, para degustar luego según sea ya un vino placentero.  ‘Ropagrosa’, modo del uniforme del vigilante extensivo a su portador, se usó en los años  treinta y sucumbió al cambiar el ropaje policial. El término ‘palo’ que por 1990 equivalía a un millón de pesos, - o ‘palo verde’, dólares-  por el asalto financiero contra el país argentino del año 2001, en pocos días perdió su valor expresivo. Otros vocablos como ‘tuca’ al pucho de marihuana o ‘tuquera’ al canuto de aspirarlo, en poco tiempo fenecieron; y esto nos remite a un reportaje que Paco Urondo le hiciera por 1970 a Julio Cortázar, de paso por Buenos Aires. Entonces a Cortázar le llamó la atención escuchar la palabra ‘yeite’ porque al irse él se decía ‘guiye’, que en ambos casos es  asunto fácil y beneficioso. tampoco conocía la palabra ‘luca’ para decir mil pesos; pero pese a que esos avatares ocurran, al habitante de Buenos Aires una mina sigue siendo una mina un bulín es un bulín; y sin esas dos definiciones lo nuestro no sería vida…
(FIN PRIMERA PARTE DE TRES)
                          Y SEGÚN OTRO LENGUAJE CODIFICADO.

                         Cada lenguaje codificado convoca a una complicidad de condición y origen, y el lunfardo de los argentinos, - irónico, procaz o corrosivo- siempre sugiere una humorada compinche. Algo extraño a los guardianes del idioma que lo irían aceptando al comprender su contexto temático y dejaron calificarlo sólo un argot meramente delincuencial, en tanto n principio Benigno Baldomero Lugones, con dos artículos publicados en La Nación de Buenos Aires por 1879, hizo una descripción del mundo criminal y ameritó hablar sobre lunfardos y  ladrones en un sentido más amplio. Algo que bien lo apreciaron un siglo más tarde  Francisco Laplaza y Miguel Angel Lafuente, al mencionar que siendo escribiente policial, ese Lugones recuperó una anónima cuarteta. ‘Estando en el bolín polizando se presentó el mayorengo, a portarlo en cana vengo. Su mina lo ha delatado’; cuya acepción sería ‘estando en su habitación durmiendo se presentó el comisario: a llevarlo preso porque su mujer lo había delatado’. Y aquí salvo el mayorengo, en desuso hace tiempo por Comisario, bulín, (bolín); apoliyando, (polizando),  cana y mina persisten en el siglo veintiuno.  
                   
        Luego de ese Lugones y en ya en 1884, el abogado penalista Antonio Dellepiane presenta  El Idioma del Delito, trabajo donde agrega un diccionario de unas  cuatrocientas palabras lunfas, sin apreciar que ese código no sería sólo un recurso carcelario y sí una jerga dialectal tan literaria como la gauchesca; esa otra forma de comunicación entonces mejor calificada. Pero el muy certero José Gobello escribió por 1965: ‘el lunfardo literario, que corresponde llamar lenguaje lunfardesco, es patrimonio de escritores que jamás ejercieron la profesión del delito’, y al reeditarse El Idioma del Delito de Dellepiane en 1967, Juan Cicco prologó ‘el lunfardo, jerga privada de la mala vida porteña cuando este autor la descifrara era un tecnicismo profesional que obligaba rastrearlo en sus avatares morfológicos y semánticos; dificultad que desapareció cuando el lunfardo dominara el habla cotidiana y familiar’. Dos buenas opiniones ante la importancia de esta jerga en inquilinatos y conventillos cargados de inmigrantes con lenguas diversas, donde muchos divertidos giros lunfardescos sirvieron para fraternizar. Y no muy al margen, si advertimos el histórico proceder delictual de la clase alta en Argentina’ el lunfardo debería ser su obligado hablar cotidiano y no así entre los laburantes comunes, menos impunes y protegidos por la Ley…
      
             A fines del siglo pasado y entre el proletariado con mayoría de inmigrantes italianos jóvenes y fuera del mercado laboral precapitalista, se registró la mayor estadística delictual. Un efecto enarbolado por el burdo criterio de Julián Martel en su libro  La Bolsa, por 1910, retomado el escritor Juan José Sebreli en Buenos Aires Vida Cotidiana y Alienación, de 1965, quien con su habitual adolescencia revulsiva pontificó ‘el lunfardo devino en el lenguaje común del sector desasimilado que intenta la destrucción simbólica de la sociedad organizada, mediante la destrucción de su lenguaje’. Ignorando ese autor que el pobrerío que él menciona, jamás soñó destruir la sociedad organizada y así los hijos de esos desasimilados, serían los obreros y empleados que por sentirse iguales y sin destruir ningún régimen participaron  de la movilidad social más óptima y legítima del país hasta entonces. La producida de 1945 a 1955 con un protagonismo popular que aún molesta a los exóticos y medievales ‘dueños del destino nacional’ de los argentinos.  .          

                             EXCESOS,  IDENTIDADES Y GENERACIONES.
                  
                             Por carecer de estructura idiomática, prosodia, sintaxis y otras casquivanas de diccionario, el lunfardo no es útil para conversar ni ser escrito. Aunque se rebusquen etimologías o términos transitorios, en lunfardo es imposible conjugar un verbo y eso lo acerca a otras jergas cercanas: el Chabón de los argentinos al igual que Cara entre los brasileños y Huevón a los chilenos, significa torpe, desmañado o desconfiable, aunque según contexto o entonación eso mismo cambia de lo cordial a lo insultante o al revés.  ‘No llevemos las afecciones de las ideas al accidente de las palabras’, dijo el venezolano Andres Bello (1781-1865) en su Gramática de la Lengua Castellana; un error que repetirían muchos temerarios al relatar en lunfardo unos pastiches sólo vistos por amigos del autor. De modo arbitrario el lunfardo deja de ‘vestir’ al castellano y algunos letristas tangueros con torpes invenciones mostraron bien debute y posta, (inmejorable), que ninguna expresión popular tiene buen albergue en laboratorios de trasnoche. Escribas seducidos por ese duende coloquial y metáforas del reísmo popular, que exigen conocerse previamente, supieron malversar letras del tango con lunfardías deformadoras   del Imaginario Colectivo y la entretela de los argentinos... 
Tango y lunfardo son dos perfiles de nuestra identidad. No únicos pero rastro a seguir según lo hiciera Ricardo Rojas en su libro Eurindia, al concebir a la nacionalidad como una síntesis psicológica, un yo metafísico que se hace carne en un pueblo y que halla su lenguaje en los símbolos de la cultura. Una valiosa definición de quiénes somos. 
                         
Al  desarrollo del lunfardo fueron vitales las multitudes llegadas a Buenos Aires desde 1860 a 1920. Alrededor de  1870 vivían en la ciudad 95.000 nativos y 93.000 extranjeros de distinto origen que en 1895 superaron a los nativos, y por 1920 volvieron a un nativo por cada extranjero. Así no era esperable que las herencias españolas y gauchescas de los argentinos; agredidas por un proyecto agropecuario que excluía a los sectores sin tierra propia, y Alfredo Mascia, en Política y Tango dice que entonces el Compadre, habitante del orillaje respetable por macho y guapo con resabios del culto hispánico, era expulsado de su sitial por el progreso indetenible. Pronto ese prestigio tuvo imitadores en el Compadrito, un sustituto que sin la proyección del compadre otrora dueño de voluntades políticas y casi solitario, que tan bien mentara Jorge Luis Borges en su poema El Tango;  ‘aunque la daga hostil o esa otra daga, el tiempo, los perdieron en el fango, hoy, más allá del tiempo y de la aciaga muerte, esos muertos viven en el tango’…
                                Ya entonces Argentina, país inmigratorio con el grupo latino mayoritario en número, aunque la sociedad se dispuso integrar a todos con una instancia política donde sin mencionar el efecto y la causa, el Estado se mostró muy eficaz. Al menos en la asimilación de las migraciones al darles puntos de fusión a semejante avalancha muticultural: la escuela pública lacia gratuita y obligatoria, más el matrimonio civil, jugaron a favor de una identidad nacional que subyace en la imaginación popular. El Estado instituyó obligatoria la escuela pública y como una consecuencia acaso no buscada por ese mismo Poder, floreció en lectores y una industria cultural que fijaría muchas pautas de nuestra conducta social. 
                     
                      En De la Colonia a la Inmigración, el tan preciso don Raúl Puigbó nos ilustró que la participación de los extranjeros fue muy alta en materia económica y aún social a través del matrimonio, y resultó casi nula en la participación política. Donde por tanta diversidad cada grupo pretendía imponer su característica, con más las diferencias entre viejos y jóvenes del mismo origen donde los descendientes querían acriollarse con hábitos de la nueva tierra y sus improntas de modernidad. Hasta existieron diferencias entre inmigrados de la misma región y hasta alguna confrontación generacional silenciada, en tanto el contacto entre los iguales en edad  pero distintos hábitos y origen, generó expresiones para compartir y compañerear, si cabe el  vocablo. Pronto los hijos de inmigrantes afirmarían su modo verbal generalizador y comprensivo, con asimilación entre 1900 y 1930 cuando hijos y nietos de la inmigración
coincidieron en cierto arquetipo transgresor y punto de fusión de las identidades. En ese caldero de latinos y eslavos con musulmanes católicos y judíos, el habla generó la expresión unificadora de civilizaciones diversas, y si el lenguaje es un transformador de la realidad, durante la primera mitad del siglo veinte, en Buenos Aires el hablar lunfardo resultó un recurso desalienante y aglutinador del gentío de los conventillos, y librarlos en algo de tantos precintos idiomáticos que entorpecían la integración.  Apenas eso…

                                    (FIN SEGUNDA PARTE DE TRES)

     LA PREEMINENCIA  ITALIANA.
                   
                                 En el período de 1900 a 1930, la cuarta parte de la población de Buenos Aires y sus alrededores eran italianos nativos y sus descendientes, y por debajo existía otro quince por ciento de la suma de andaluces, gallegos, catalanes, vascos y demás llegados de España por esos años. La colonia italiana pronto se manifestó en los hábitos locales y por ahí el novelista Francisco A. Sicardi, a principios del siglo dijo que ‘los inmigrantes italianos también daban algunos huéspedes al presidio y vocablos al caló del bajo fondo’. Un perfil de los italianos tan útil para rastrear los rumbos de la comarca más arrimada al Río de la Plata y esa matriz italiana tantas voces lunfardas, y aunque existieran muchos términos con otra fuente, veamos: si al lunfardo se lo vincula al desarrollo del tango como dos andariveles hacia una misma identidad, paralelo a eso vemos la marca indeleble del cuplé en los primeros tangos, incluyendo La Morocha de Angel Villoldo. Y un fino poeta como Julio Félix Royano, (El Mata; Animal de Presa; Mururoa; Lunes de Dios) supo recordarnos a unos napolitanos y calabreses de su niñez en Lanús y que él, hijo de gallegos, advirtió que el término ‘lunfardo’ en su concepción de ladrón y malviviente, les venía de ‘lombardo’. El corte a la última sílaba de los napolitanos a la palabra, sonaba ‘Lum’ por ‘Lom’  y el parecido a F por B es una inflexión propia italianos del sur. Y como el entretejido de las identidades no suele hilarse de un solo ovillo, Domingo Casadevall, en El Tema de la Mala Vida en el Teatro Nacional,  (Editorial Kraft, 1957) después de enumerar unos términos portugueses sumados al habla, dice que el lenguaje orillero y lunfardo se fue bordando también con voces populares usadas en la España de los siglos XVI y XVII, y ofrece ejemplos como ‘gayola’, ‘punto’ y hasta ‘pinta’, con el similar sentido  que hoy  le damos. Además, sobre la Vida del Buscón, de Quevedo, escribió el filólogo español Américo Castro que en el siglo XVI los pícaros usaban una lengua propia ‘y de aquí el habla revesada que consistía en dar la palabra del revés y pronunciar greno por negro’. Algo que hoy, siglo veintiuno, los argentinos por negro cordialmente decimos grone. .  
                      
                   Asimilaciones y sincretismos culturales deciden los perfiles de cada nuevo estilo, y advierten sobre lo estéril estratificar o congelar las identidades  en algún tiempo. El nosotros somos así para siempre hoy ni resuena ante una imbatible realidad que trae consigo la computación y otras brujerías 

    HABITUAL RECURSO COTIDIANO.  
                
              A  través de generaciones el lunfardo logró permanecer y se sumó a varias expresiones culturales que no serían de uso exclusivo de los argentinos. Pero que su vigencia en cada período social de Argentina sostiene su sesgo humorístico, juvenil y caricaturesco es indiscutible. Su aporte a expresiones temporales lo hicieron un innegable fenómeno cultural, y el ida y vuelta de lo lunfardesco a lo coloquial se aprecia en bien en el sainete, el más popular género teatral costumbrista que junto al lenguaje del tango fijaron nuestra memoria colectiva. Muchos jergales de gente de mal vivir fueron escritos y cantados hasta adherirse al hablar cotidiano, pero el lunfardo saltó a ser un método de divulgación por la inclusión de sus voces por saineteros y poetas no sólo por  ese mango que te haga morfar, de Discépolo, sino por tantas líneas donde cualquier argentino encuentra algo que lo involucre. El tema de la pobreza en los inquilinatos y la inserción entre inmigrantes y nativos, no dejó sainete sin un personaje compadrito o ‘cocoliche’ de expresarse en lunfardo; que siempre y en la trama sostenían la defensa familiar, la autoridad paterna y las buenas costumbres. Machietas mayoritarias en el teatro argentino en su auge de mayor concurrencia al espectáculo, del veinte a fines del cuarenta, hábito que ironizara a su modo Jorge Luis Borges diciendo que muchos intelectuales concurrían el fin de semana a los teatros de la calle Corrientes para recibir una dosis de arrabal... Y sin embargo, según Luis Ordaz en Siete Sainetes Porteños están el drama, la acuarela nostálgica, el equívoco por las distintas lenguas y un cierto trazo claroscuro y violento. Así Buenos Aires recibió la materia prima del ‘cierto sainete de seres humanos’ confluyendo en sus calles y pueblos aledaños. Ricardo Rojas, quien entendía que el teatro era un arte incompleto sin el aliento popular, y que toda minoría culta puede alcanzar el goce de un teatro exótico pero la mayoría sensitiva, exige un teatro propio que le represente el drama de su existencia. Algo que remata Tulio Carella: a los nuevos habitantes la tradición le es insuficiente para decir y a despecho de ella, introduce cambios y elementos estéticos que alteran su fisonomía..       
                               El sainete definió el estilo argentino de vida con europeos que por ambición más desarrollada  iría desplazando al criollo, pero no faltarían en segunda escena las multitudes hambrientas, desesperadas y sin oficio que también acuñaron inflexiones para entenderse mejor con la palabra. Y muchos con un modo novedoso de caminar que exacerbado por el argentino nativo relevaría al compadre  pampeano condenado por la modernidad; eso que devino en el compadrito que agregara una nueva expresión visual a la comarca y la novedosa jerga de comunicación, el lunfardo.   
                  
                        

  LAS  VOCES  MÁS  DIFUNDIDAS.
                         
      En el glosario de voces en letras del tango y la poesía lunfardesca más frecuentada,  evitamos citas de indudable certeza de neolunfardos  o con etimología científica, y  poco abrevamos en el ‘lunfardo canero’, - salvo en letras de tango- por saberlo más hermético por códigos del encierro, y pesquisar esa vertiente hoy no agregaría demasiado. Las letras de tango más apreciadas llegaron de Pascual Contursi y otros en adelante hasta 1950, y el material posterior ni arrima a los vates mayores que siguen  en el favor popular. Nuestra elección de la poesía y en especial con el soneto lunfardo, obedeció a la valía de tantos autores contemporáneos que sin artilugios forzados, supieron secundar a los Versos Rantifusos, de Felipe Fernández, ‘Yacaré’; Semos Hermanos, de Dante A.Linyera, La Crencha Engrasada de Carlos de la Púa y el Chapaleando Barro, de Celedonio Flores en 1929. Y que desdijeron con libros de sugestivo nivel literario que el no versificar en esa jerga que se mandara Jorge Luis Borges, con sus palabras, sufriría la despótica imposición del tiempo.

                       
                        Y UN CHAN  CHAN COMO FINAL DE TANGO.
                          
               El inicial cancionero popular de Buenos Aires, considera como su precursor a Angel Villoldo, el vocero de los compadritos, por autor de El Porteñito en 1903 y La Morocha en pero ‘percanta que me amuraste en lo mejor de mi vida’, primera estrofa de Mi Noche Triste escrita por Pascual Contursi y entonada Carlos Gardel por 1917, nos prodigó cierto tono lunfardesco y estilo de contarnos ‘ciertas cosas’. Ni el letrista Contursi o el mismo Gardel estimarían tanta resonancia posterior, pero si el protagonista  hubiera recordado a su amor ausente diciendo ‘mujer que me abandonaste en plena felicidad’ o algo idiomáticamente más pulcro, ese tango jamás hubiera sido la íntima confesión de un porteño. Y hoy, pese a los exacerbados machistas y dramáticas cantoras del tango, su toque lunfardesco sigue en el siglo veintiuno entre los argentinos, en tanto otros léxicos coloquiales como el slang de los yankis, el cockney londinense y la giria brasilera no arraigaron tantos vocablos populares por faltar en sus canciones esa otra literatura que los reiterasen  Una consecuencia natural  y divertida en el universo cultural de los argentinos, fertilizado por ese lenguaje referente  que más allá de ser un código entre dos para que no se entere un tercero, significa al fin sustancial para interpretarse y parecerse mejor. Y sin gardelear más digamos que sin alarde de ‘culminar una exhaustiva investigación’, rebuscar cierto material de notorios autores y otros desconocidos, nos orienta a seguir creyendo que si algo ayuda a entendernos más entre nosotros, vale la pena el intento.              
                                                                                           Año 2013. EP.  .    
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Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires Argentina.



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martes, 1 de enero de 2013

Don Simon. Cuento.


Don Simón.
                                    Cuento de Eduardo Pérsico.            

                      y  el cuentenick ruso esquivaría cardos y su grasiento sombrero embestiría contra el sol enfurecido de febrero.
                    
         Por mi barrio de pibe andaban unos cuentenicks vendedores puerta a puerta, conocidos como rusos o judíos que sin regalar nada cobraban cuando podían. El que venía por mi casa, don Simón, hombreaba de todo: frazadas, juego de platos, delantal más zapatos al empezar la escuela y hasta el vestido al casarse mi hermana. ‘El ruso’ de mi familia era una tienda ambulante y sólo mi viejo le entendía bien cada palabra.        
Por ahí en mi casa lo colgaban con la cuenta y si don Simón dejaba de aparecer, al tiempo íbamos a pagarle a la calle Alberti, por el Once. Cuando acompañé a mi viejo: yo había aprobado primer grado y don Simón, de espaldas a una ventana de cortinas macramé, levantó una tarjeta amarilla como si mostrara una baraja ganadora, - la cuenta impaga- y ahí Pablo, mi papá, le desplegó unos billetes verdes de cincuenta y los dos se rieron hablando de otra cosa. Además guardo bien otra imagen color sepia: don Simón tomando resuello en el patio de casa: su bolsa de cotín contra el enrejado verde en ese ambiente oloroso de higuera mi gato gris durmiendo en una silla y él, - con un saco ribeteado de cordón azul- en trabajosa charla con mi madre que le cebaba mate. Mi vieja siempre nerviosa y delgada, de pelo rubio peinado a la banana que me dijera ‘vos a jugar que los chicos no toman mate’.

 - ¿Cómo anda, don Simón?
- Mucha calor. ¿Y Pablito?
- En el taller, arreglando el auto. Dejó estos pesos para usted.
- Está bien.  
      
 ¿Qué nutriría a ese tipo encorvado por su cargamento, flaco y de mirada humedecida al contarle a mi vieja que toda su familia había muerto en la guerra? ‘Muertos todos, como ovejas’; y supongo escuchar entonces el nombre de su aldea pero luego entendí que la matanza era una sola... Por algún verano y ya la cuenta era impagable, mi viejo vendió su Buick ’30 y compró otro más barato que al traerlo salimos en familia a la vereda. Un par de vecinas nos miraban,  mi hermana me llevaba de la mano y esa vez mis padres se abrazaron; mi mamá con un saquito azul mal abrochado, mi viejo al levantarme más allá de su sonrisa gardeliana y al abrir una puerta del auto '29 aquel asombro de paquetes hasta el piso.

 
-¿Visitaste a don Simón, Pablo?
-.Sí, y traigo pilchas para la cría.
 

      ¡Y qué lindo sería que aquello no fuera otro invento de mi nostalgia! Porque al fin, en esta recordación amotinada don Simón llegaría del potrero que nos unía al barrio de los Pecosos, margen de la civilización, y el paisaje por donde el cuentenick ruso esquivaría cardos, hormigueros gigantes y su grasiento sombrero embestiría contra el sol enfurecido de febrero. Cargando su mochila repleta sin claudicar por dolores de pie ni sudores de entrepierna,  y acaso conteniendo alguna lágrima por alguna mujer de su lejano pueblo de nombre impronunciable. Y sí; don Simón llegaba de lejanas orillas, de recodos y paisajes a su antojo porque a él, todo rumbo al fin lo llevaría.

       Al casarse mi hermana en la fiesta probé un sorbito de anís que me diera a escondida  don Simón, que se quitó el saco en esa reunión de poca gente para bailar con la novia. Y yo mismo hoy sería diferente de no recordar a mi viejo Pablo, - que esa noche anduviera con la sonrisa bastante cajoneada-  y a don Simón tomarse de los hombros para entonar juntos un tanguito cualquiera para pasar el rato. Y tal vez el ruso lo animara estirando sus tiradores colorados y por lo bajo nombrarle alguna pupila del quilombo de Dock Sud y otros alborozos. ¿Qué orgullos y nudos atarían esos dos tipos para entenderse y hasta sentirse idénticos? Y no sería tan sólo porque a don Simón también le gustaban mucho las minas.

- ¿Qué te molesta del peronismo, Pablito?
- Vos sabés don Simón, yo soy radical irigoyenista...
- No seas otario; y olvidate del uniforme de Perón si hoy la gente compra más. . 


      Y mis andanzas por esa frontera de donde surgía don Simón a la hora de la siesta, son apenas; cruza un carro cachaciento, lejos vuela un gorrión y nada es más interesante para ser contado. Si al fin yo siempre anduve rutinas donde lo deslumbrante acontecía a los otros; jamás hice un gol sobre la hora, ninguna reina de belleza desfloró mi inocencia ni guardo ocupaciones que valgan divulgarse. Cien veces crucé el mismo escenario sin ser mirado nunca, y así don Simón y mi viejo me retraen a su comedia: cuentenick ruso soportando tanta cuenta impaga, masacres familiares o hacerse millonario sin volver a su aldea; y su  amigo y compinche, Pablo el taxista enredado perpetuo con mujeres del vecino, fugitivo cuando fuera la revolución del treinta y cada tanto, rajar del domicilio si le venía la mala. Tal vez por esos vuelvan don Simón por encima del Danzing o el Moldava y mi viejo, eligiendo la mejor camisa para sumar en la tarjeta amarilla, juntos otra vez y putañeando en el paraíso con virgenes infernales. Y entonando en hebreo arrabalero ‘para mí eres divina’, en trío y cada noche de joda con San Pedro (dic.012)

Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina. .