domingo, 7 de septiembre de 2014

HABLANDO DE PALABRAS,



HABLANDO DE PALABRAS.   
                                              
Eduardo Pérsico.
                    
                  ..  y un chamuyo misterioso me acorrala el corazón
        
    La lluvia sigue enjuagando la ventana y retrae a un sol cansino de nuestra adolescencia y el sobrevuelo previo de gorriones al irse con la tarde. Y acaso sea verdad que al quedar eso detrás el futuro inmediato pareciera otra ausencia. Tal vez ni un misterio sin fulgor; un apenas todavía al irse un hilo de luz entre el ramaje y un pájaro que retorna a su misterio.     
 
       No es fácil seducir a una buena palabra, amante frívola que si elige otro destino jamás se contradice porque al fin, una buena palabra jamás deja de arrastrar su  propia memoria… La memoria de cada palabra vive y muere en ella misma; madre, niñez, maestra o amor adolescente al pronunciarse trae la añoranza de su propia índole, y esquivar ciertas palabras por sentirlas  ajenas nos invade de sombras y de acaso. Y por más que ‘un idioma es un dialecto con un ejército detrás’ - dijera Napoleón- aunque las voces sean inventos del Poder en la disputa palabrera no traicionemos nuestras voces.   

       En la hispanidad es secular el parlar ‘eclesiásticas’ a toda hora y  sin notarlo. Perdonar por disculpar, Suplicar por pedir,  Bendecir cual gesto salvador y Santificar pareciera un augurio que nadie sabe. Además al Pecar nos intimidan con Castigos que ni un Dios se bancaría si viviera; una regla Castigadora  hasta rechaza la  Divina Voluntad al lograr un apareo sexual  que nos lleve felices al Infierno. Enturbiando así un derecho –canónico o no- más visceral y divertido que cualquier otro.

    Tal vez por mucha seriedad, pareciera que  algunas voces se suicidan. Como Virginidad; adolescente y saltarina que en cierto atardecer se soltó de una flor al saberse olvidada. Y no se suicidó desde un arbusto vulgar y silvestre: esa palabra tan  juvenil de pura aburrida por desuso y persistir sin apenas caricias de consulta, con su invicto himen  se tiró de un melancólico malvón a la penumbra de la Nada. Un suicidio ignorado hasta por las diccionaristas; Virginidad,  diez letras sin mínima alegría que ya ni  habitaba en una charla fuera de texto,  pobrecita, se hizo bolsa...

      Además,  sigue igual de insostenible que persistan voces inmundas:  hambre, esclavitud, aristocracia y riqueza persisten riéndose desde los diccionarios bien lejos de ciertos enigmas saludables del lenguaje. Maestra  sigue siendo segunda madre sabedora de todo y escuela suena a patio con gritos de recreo. Así que por ahora es noble que persistan palabras solidarias y compadres, útiles hasta para apreciar mejor los pájaros yéndose cuando atardece.
 (setiembre del 2014)


Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina. www.eduardopersico.blogspot.com

jueves, 28 de agosto de 2014

A veces la poesía. Poemas.



A veces la poesía...
                                                        Por Eduardo Pérsico.                    
   
         Sigilosa  la tarde  va  sombra a sombra hacia la noche y allí  la poesía es un rayo que nos lacera el corazón,  o ambula entre vigilias de lento cigarrillo hasta anunciar el alba.  Más  si la poesía celebra solo que ‘las mariposas son flores desertoras  o graciosa inventiva de angelitos pintores’,  es un inútil suicidio de palabras.  Y sin que ni una palabra decline su sentido,  no carguemos con más lírica amnesia a este tiempo zurcido con  hilachas de trapo.   
    
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PREGUNTAS SIN OLVIDO.
                           
   ¿Dónde estarás, amor? Ni han devuelto tu nombre.
  El mismo que tan breve parecía, íntimo y diminuto. 
  cuatro letras de silabear tu nombre.

¿Es que tu aliento tibio todavía sobrevuela
 el aire de una cárcel feroz y sin ventanas?

¿Y tu ojos, amor?

    ¿Siguen siendo tan grises absortos y redondos, 
tus ojos de juntarnos decayendo la tarde? 
     Esos brillos amantes de la vida
en calles encendidas de canciones y pájaros. 

   Y también por tu ojos al reflejar los míos 
cruzarían los ultrajes de uniforme y absurdo. 
   Con niños sollozantes robados en la noche   
y la indolente mueca de banqueros y curas.

¿Dónde estarás amor?
¿No sostiene tu cuerpo caricias de mis manos,
ni a tu piel la desvela mi beso tembloroso?  

¿Y tu voz amor mío?
¿Ni me nombró siquiera al saberte arrastrada  
 y la gente impasible siguiendo su camino?

     ¿No me nombraste amor ni apenas esa noche
 sometida y violada?
    ¿El pronunciarme apenas fue tu olvido   
  en esa infamia perpetua de tu muerte? 

¿O tanto nos quisimos, amor,
que callaste mi nombre? 


AQUEL VECINO.

     El hombre se escribía sus versitos
iluso que una vez alguien dijera:
‘sí, es el que yo le digo, uno bajito
que vive aquí nomás, a dos veredas’.

    Nadie lo vería andar, sombra en la niebla,
perdiendo sin chistar sitio en la fila.
O ir soledoso algún domingo al parque
a charlar con el  caballo de la estatua.

   Cada renglón se volvería amarillo  
sin ese revivir de verlo impreso. 
El tiempo transcurrió sin registrarlo. 
Ni un guiño de atención. Menos que eso.

  La muerte lo cargó sin darle aviso
y una siesta, cansao, siguió de largo.
El hijo ni llegó, estaría en viaje.
Su mujer gimoteó más que llorarlo.

   ‘Por no cuidarse. Voy a extrañarlo mucho’,
ella que ni siquiera lo corneaba.
El mundo sigue igual. Sonó el vecino
que escribía sus versitos. Casi nada.
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         MIRAR DE PRIMAVERA.
        
            El setiembre ya pródigo de luz y veintiuno      es un vaso colmado de vino gusto a ganas.     Se ufana una muchacha soltar su pelo al viento
      y al pródigo despliegue de su blusa floreada.
            Hoy que el aire deshace casi como al descuido
      el nudo abigarrado que tejiera el invierno,
      el cielo de mi barrio, tan modesto y discreto,
       le propone al paisaje realzarle los reflejos.   
     
           Sonríe una vecina mi guiño cuando pasa,         hoy que acortó su falda por festejar el día.            ¿ Y si una tarde lograra convencerla 
      de aflojar ya sus riendas,  que el tiempo todo olvida..?
  
          Es propicio el deslumbre de soles derramados
      en invocar  momentos de remotos ancestros. 
         Cuando tras la incitante mirada al divisarnos           

        le seguiría el festejo de la especie desnuda. (2014)       


Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.

jueves, 7 de agosto de 2014

Izquierda abajo. Cuento. (agosto 014)

Izquierda abajo.

 

                                                           Cuento de Eduardo Pérsico.

                                     

Imagen de Eduardo Persico                   ….y uno de bigotes recordó este partido sigue hasta el  final y punto.

     Cualquiera que atajara la pelota que le sacudieron aquel sábado al flaquito Gerardo no hablaría de otra cosa, pero en el vestuario el loco que estudiaba sociología solo acarició sus guantes color rosa y no habló ni media palabra del asunto.
    El partido por el norte y contra esos de dientes apretados con su gente mirando el juego en cuatro escalones a un costado, a los de Escalada no les agradó pese al sol de octubre y las vistosas minas de alrededor. Fue por los años ’78 o ’79, y ellos como siempre salieron a jugar prolijo sin revolear la pelota pero de entrada chocaron con unos atletas con camisetas de rugby y pierna  fuerte que protestaban todo. Así que lo mejor entonces resultaría no discutir y esperar bien protegidos atrás que ya el Nene y Cacho, los dos de punta, tendrían su contragolpe. Pero igual durante el juego el ambiente se iría calentando y jugadores, socios más familiares lejanos del local le indicarían al referí y los jueces de línea aplicar un reglamento propio. Y el clásico ‘¿qué cobrás hijo de puta?’ haría que los tres personajes sin demostrarlo se sentirían bien temerosos, mientras los de Escalada serían nombrados al menos ‘negro de mierda’ con agregados. Menos el tan veloz narigón Aguilera, que por izquierda ganaba siempre y lograra que una señora muy bien embutida en un conjunto deportivo blanco le aconsejara, ‘zurdito, vos seguí corriendo así que vas a  desaparecer’.      
       En ese clima de cordialidad deportiva y los dos equipos con muy poco juego se irían al descanso empatados en cero, aunque por los treinta del segundo tiempo el Nene embocó un derechazo de veinte metros que levantó el aburrido nivel, y aunque al golazo los de Escalada apenas lo festejaran lo mismo les cambiaría el juego. Y de ahí retrasaran algo a los cuatro medios amontonando gente y consiguiendo así que la bola anduviera desprolija pero siempre lejos del arco de Gerardito. Un recurso algo aburrido de ir pasando el tiempo toqueteando en el medio campo todo lo posible; algo bien ejercitado por los cuatro o cinco habilidosos de Escalada a quienes sin pegarle con descaro, era muy difícil quitársela con limpieza. Así que sin ninguna exhibición canchera porque la hinchada local los entró a putear hasta la tercera generación, sobre el final y ganando los visitantes uno a cero el referí agregó cuatro minutos de descuento. Un tiempo adicional que luego de transcurrir de sobra y aunque el juez prosiguiera con el alargue sin mirar su reloj, unos tipos de pelo corto entraron al campo y chau con la elegancia deportiva en el varonil juego del balompié. Porque uno de prolijo bigote le recordó  a toda la concurrencia cierto novedoso reglamento: ‘este partido sigue hasta el final y punto’. Original decisión que no evitaría que se redoblaran los centros  al área de los de Escalada con despejes a cualquier parte, y tras un centro inocente  que se iba afuera ‘penal a favor del local cometido por el hombre invisible’. Y sin discusión en mitad del griterío local en segunda escena, el flaquito Gerardo se ajustó los guantes rosas mientras sus compañeros de Escalada se miraban en silencio, si al fin un empate en ese ambiente no les parecía tan  mal…
       Entonces y sin demora el número seis contrario acomodó la pelota exigiendo que no se adelante el arquero y el obediente referí le gritó a Gerardito ‘usted no se mueva de la línea’; agregando algo más, inentendible. Y cuando el zurdo contrario sacudió un cañonazo seco abajo, inatajable, raramente la bola resonó ‘chaf’ en los guantes rosas del arquero y sobre el rebote sin perder un segundo en aquel silencio desplomado, un defensor la revoleó rápido para el Nene que allá adelante andaba  en soledad y tenía todo sencillo para definir. ‘Serio detalle técnico’ que por salvarse de un quilombo más grande el corajudo referí ahí mismo pitó el final y rajó a juntarse con los jueces de línea. Pero vaya uno a saber, quizá por demostrar un cierto estilo de gente educada el público local les seguiría puteando a los tres las abuelas, madres y familiares más queridos hasta que entraran  al vestuario. Y al final los heroicos jueces del juego sobrevivieron.
       El penal que atajó el flaquito Gerardo hubiera merecido algún comentario bajo las duchas,  - de mojarse rápido y rajar- cuando el arquero apenas flamearía triunfal sus  ‘guantes mágicos color rosa’ y nada más. Aunque luego  y ni bien subidos al tren de regreso vía Retiro, Gerardito contó el asunto en pocas palabras.  
-       Al referí le habían puteado toda la descendencia tanto como a nosotros,  pero como él sabía adónde pateaba el seis, me gritó ‘no se mueva de la línea’; y entre dientes me sopló  ‘izquierda abajo’. Toda una revancha de Poder propia de un tipo naturalmente turro. ¿No les parece?  
Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.(2014)

www.eduardopersicoblogspot.com. 

miércoles, 23 de julio de 2014

Algo de perfiles adquiridos y propios. Eduardo Pérsico.

  Algo de perfiles adquiridos y propios.

                                                        Eduardo Pérsico.

      En Buenos Aires todavía está muy vivo el tipo popular español, y todos los movimientos del compadrito revelan al majo. El movimiento de los hombros, los ademanes, la colocación del sombrero y la manera de escupir entre colmillos son  de un andaluz genuino.  (Domingo Faustino Sarmiento).

                Durante años se afirmó que el tango en Argentina era un género que naciera sin letras alrededor de 1880, originario rítmicamente de la habanera cubana y en la rioplatense Uruguay- Argentina recibiera sus primeras letras y giros temáticos. Afirmar que esos tangos iniciales fueran expresión bailable del compadrito sería temerario, si de ese personaje sustancial ya por 1845 se ocupara Domingo Faustino Sarmiento, indudable personaje argentino quien dijera en ‘Facundo Civilización y Barbarie’ lo expresado más arriba. Pero  conjeturar que ‘ese andaluz compadrito’ del que habla Sarmiento recién tuviera canto propio por el año 1900, medio siglo más tarde, fue para ocultar `desde los fabricantes de opinión’  la verdadera integración y movilidad social que ocasionara la inmigración recibida por entonces en nuestro país. Una curiosa desatención histórica por ahí algo corregida, - vale decir- cuando el diario La Nación por el año 1875 publicara dos fundacionales artículos sobre el lunfardo  escritos por el redactor Benigno Baldomero Lugones. Publicaciones bien recordables aunque luego ese mismo diario y durante décadas, esquivaría mencionar más datos y referencias sobre los modos de comunicación popular y otros perfiles de nuestro origen. Según fuera la convivencia de los   conventillos,  bailes barriales y otros hábitos de las clases bajas; asuntos que esos informadores escasearían o desecharan por muchas pero muchas décadas. En cuanto a los medios informativos de ‘clase alta’ o infatuados de serlo -según ironizara don Arturo Jauretche- entonces más los enaltecía la apropiación indebida de tierras para erigir un castillo en medio de la pampa que preocuparse por el devenir de los nuevos protagonistas sociales. Mecanismo de exclusión conque ese férreo grupo dominante suponía negar al sujeto social más común en la periferia, nutrida en los conventillos por un variado populismo de generar sus rejuntes étnicos en los aguerridos zaguanes.  Esos tan propicios para intercambiar además de ternuras credos y hábitos en cada relación humana; desde la comida posible al modo de saludar. Y en esa original integración también emergerían los primarios balbuceos del  lunfardo que además de significar ‘un código entre dos para que no se entere un tercero’,  culminaría siendo un certero inconsciente de nuestra identidad.  

         Por distinción no solo de género y origen, el lunfardo y el tango son independientes por distancia con todo tipo de coloniaje. Algo que risueñamente nos hace criticar el fervor tanguero ‘argentino francés’ de los años veinte, tan prefabricado que hasta produjera una  reacción de la revista ‘El Hogar’ ante el peligro ‘que a los porteños decentes, desde París le quisieran imponer el tango argentino’. Pero bué, una idea muy ajustada a ciertos defensores de la decencia…  

        Sabiendo que el tanguillo andaluz, la habanera y el fado portugués le fueran sustanciales al tango así como a nuestra milonga  la guajira flamenca, eso avalaría que la música del tango recibiera en cada época aportes en su armonía y composición sin perder su identidad. Eso es tan indiscutible como que sus iniciales letras  acaso tan desparejas y vulnerables,  hoy casi mágicamente  perviven como un estilo literario entre nosotros. Y aunque  su temática pareciera abrumar de lo personal a lo social y las complejas armonizaciones de hoy exijan cada vez ejecutantes más aptos en  interpretarla, sin esas vanas discusiones el tango como expresión cultural de los argentinos sostiene el sabor y carácter de su raíz.

    Asunto que tan bien estimara el más lúcido y porteño Jorge Luis Borges, - digamos el de ‘El Idioma de los Argentinos’ de 1928- que por 1930 expresara algo sustancial para la comprensión de ese espíritu que solemos llamar  ‘el ser nacional’ : ‘de valor desigual por proceder de plumas heterogéneas, las letras de tango son un inextrincable ‘corpus poeticum’ argentino que los historiadores algún día vindicarán´. Y este escritor argentino no afirmaría eso según una ironía borgeana por el año 1930,  sino para establecer la verdadera dimensión cultural ‘a esas imperfectas letras atesoradas en El Alma que Canta’; una revista semanal muy popular  y que sin duda Borges entonces consultara habitualmente. Concepto no definitivo ni categórico pero atendible en esto de comprendernos lo mejor posible.  (Jul.014).    
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Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.  www.eduardopersico.blogspot.com        


domingo, 6 de julio de 2014

A mi gato le encanta Mozart. (Cuento),



A mi gato le encanta Mozart

            Por Eduardo Pérsico

     Hoy me distraje apreciando a mi gato Fidel con más decoro. Porque él,  que distante sabe callar, me retrajo a Lord Byron: ‘el gato posee belleza sin vanidad, fuerza sin insolencia, coraje sin ferocidad; cada virtud del hombre pero sin sus vicios’. Y además a una  semblanza del Ambrose Bierce: ‘gato, suave autómata indestructible y  preparado para recibir patadas, cuando algo anda mal en el círculo doméstico’. Pero bué, digamos…

     Viendo a mi gato se comprende que ambulen invisibles cuatro veces al día y cuando ellos lo disponen, se exhiben con la guardia baja empobrecidos de lluvia y madrugada. Además todo gato es etéreo, inatacable, y su corazón les late en una verdad lejana y superior. La mirada de un gato si es ajena y perdida, nos reitera  ‘¿por dónde pasó el tiempo, qué hicimos con la vida?’….

     Mi gato revive al escuchar música en mi falda y su sutil sigilo lo refleja mi espejo al oír el yumbeado de Negracha o La Cachila de Pugliese. Ese compás marcado  conmueve  su pelaje aunque luego le gane su indolencia si el tango es catarsis nostalgiosa de chamuyarnos muy quedo, despacito, de ciertas plenitudes sin testigo. Y sí gato Fidel, debo decirle, el tango es vino a solas o sueño demolido y por ahí, los ojos de esa piba que a contraluz retorna. Es por eso que el tango es en voz baja o a rasguidos de viola misteriosa, y más íntimo aún si algún recuerdo turbio irrumpe sin aviso o cierto olvido ya olvidado se adueña de nosotros. Siempre el tango en alta voz y teatralero es grosería de recién venido, y sin nuestro deschave confesión de ‘como fueron esas cosas' sería otro ruido más, carnavalero. Pero él, tango íntimo compadre y sin reproches, es un amigo que hasta nos guiña un ojo…   

       
           Pero al fin,  de nada sirve inquietar a este felino con mi nostalgia y tantos cigarrillos de tediosa ceniza. Y más cuando al oír el Concierto Número Cuatro de Mozart, Fidel se hace una fiesta. Levita leve y ligero, gato definitivo dos sílabas sin cuerpo que ambula en su otro mundo sensorial. Y es ya tiempo de afirmarlo sin prejuicio;  a mi gato atigrado cualunque y sin prosapia lo diferencia del resto su refinado gusto musical. Cualquiera de su especie es amante a hurtadillas, intruso por la casa sin proyectar su sombra, clandestino de hondo enigma en su mirada, pero ningún otro se le arrima a Fidel al disfrutar la música de Mozart. (jul.014) ________________________________________________________
Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.
www.eduardopersico.blogspot.comA mi gato le encanta Mozart

         

Y sin equivocarse de adversario. (Opinión. Jul.2014)




Y sin equivocarse de adversario... 
Por Eduardo Pérsico

…y hoy algunos populistas de sindicato demuestran un poder económico jamás permitido antes.

La irrupción de Perón en la política argentina en 1945, conmovió las expresiones más conservadoras y también a las progresistas, según entonces socialistas y radicales de la línea irigoyenista más el Partido Laborista que sustentara el inicial peronismo. Tres líneas no muy opuestas ante la problemática entonces sobre educación pública y defensa del patrimonio nacional, dos perfiles recurridos por algunos en el discurso. Más otras diferencias emergerían tras el lanzamiento de Perón en Plaza de Mayo el 17 de octubre de 1945, quien con un discurso-arenga fijara un nuevo eje al debate conceptual y político del país. Con imprevisto efecto sobre la actividad en general, ‘incluido el asombro del mismo Perón’ diría Raúl Scalabrini Ortiz ante la futura imposibilidad de hacer política sin apreciar el hecho con seriedad. Tanto que no fue casual la disolución de Forja, la Fuerza Organizada Radical de la Joven Argentina integrada por intelectuales y cuadros políticos de reunirse a debatir la realidad nacional. El escenario era otro y cada expresión debía revisar su comprensión de la muchedumbre, un gesto rechazado y negado por el Poder y sus fabricantes de opinión. Grave error cuando ese avance guardaba en su resultado algo más sustantivo y evidente: ‘la liberación psicológica del obrero ante el patrón’. Una variante relacional con un peso inmedible para las patronales y más preocupante aún por parecer acordado desde arriba. Esa ‘liberación psicológica’ que se expresaría de inmediato en ‘patrón, usted no me grita’, -frase entonces de alta significación- y la no comprensión de la nueva instancia llevaría a muchos bien intencionados a equivocarse al calificar compañero, adversario o enemigo. Un efecto de esos años de cierta gravedad por unos pocos fundamentalistas de uniforme.

El nuevo paisaje cambió la relación obrero patronal, un ‘accidente sociológico’ que sacudiera los elencos radicales y socialistas que de ahí padecerían cierta dolencia emocional por no saberse incluidos en la hechura de un avance que alguno de ellos, indudablemente solían propugnar en su propio discurso. El nuevo escenario fue una certeza que socialistas y radicales desecharon sin reelaborar sus planteos a la reciente realidad, y a cambio ahondarían una oposición desencaminada al descalificar como chusma a los seguidores de aquel peronismo del ’45. Descalificando en esa pose desde el ‘aguinaldo’, -un sueldo anual complementario- por ser una maniobra electoralista y en igual postura controversial, desechar ‘por demagógicas’ las colonias veraniegas para ‘los recién venidos’, más otras leyes sancionadas en la muy activa legislación laboral. Dentro de la oposición hubo posturas casi de concepción medieval para ser sostenidas por socialistas y radicales con fines electorales, con jugadas no profesionales que los abatiría; al fin muchos prestigiosos se mostrarían según políticos molestos ante el espectáculo de laburantes-multitud vitoreando en la calle. Y esos deslices por errada interpretación histórica no serían exclusivos de los sectores duramente antiperonistas; también se dieron en las bibliotecas de barrio fecundas en entreveros constantes por comprender al menos, si esa era la movilidad social y quienes los beneficiados. Que al fin del relato demostraría que los peronistas no eran los enemigos sino compatriotas antes no contenidos en las discusiones. Otro notorio error en muchos opositores, - digamos los los más feroces críticos- ni suponían que el mismo Sistema Económico cada tanto dispone el ingreso de más personajes a la escena, y esos nuevos participantes ya eran parte de su misma historia. Apenas eso. .

Luego y como expresión del no saber a veces quien integra los nuestros y quien el adversario, el peronismo inicial en Argentina y su enfática crecida populista originó un rechazo mayor pero similar a nuestros días del año 2014. En cuanto como ahora la mayor molestia recayó entre los sectores medios con vocación de alta clase; ese laberíntico segmento social que resiste el ascenso de los postergados en la escala por cierto inconsciente reflejo. Acaso por estimarse ellos como factor decisorio en otorgar la movilidad y el ingreso de nuevos participantes al sistema, más en cuanto ese crecimiento le resulta útil al tejido económico no es discutible. Sencillez que alguna clase media presiente en su contra y sin debatir, combate.

Esa actitud ejercida sobre los ‘recién llegados’ en 1945, siete décadas más tarde exhibe hoy ciertas contrariedades con la aparición de novedosos actores. Tal vez dentro del llamado ámbito sindical se exhiben novedosas estéticas y perfiles que tiempo atrás no serían propios a un dirigente que representa y gestiona, y no es al fin nada problemático. Pero quizá por la nueva dinámica contemporánea que exige algunos novedosos perfiles, - por decir- hoy se muestran en los medios de publicidad y comunicación; ambas cosas; algunos estilos y decires en delegados obreros que suelen confundir hacia donde apuntan. Al menos al no precisar con certeza si algunas de sus actitudes muy empresariales benefician a sus representados. En principio si casi toda la dirigencia sindical se titula heredera del peronismo, - esa memoria social de los argentinos- esa herencia pareciera a veces una carga en algunos sindicalistas o dirigentes al sugerir ellos un poderío económico jamás visto en quienes representan a los trabajadores. Quizá sería aceptable si esa contrariedad en un debate en serio resultara ser útil a la gestión sindical, y más provechoso aún si le evitara dudas a los mismos representados en quien los representa y defiende sus adversarios o enemigos.

Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.(jul.014)
www.eduardopersico.blogspot.com

miércoles, 18 de junio de 2014

Y de pronto únicamente un cuerpo. Cuento.

Y de pronto únicamente un cuerpo.    

                            Cuento de  Eduardo Pérsico.

 y ambos se buscaran en ese lacio y recóndito volver hacia uno mismo. 
     Bajo un sol de verano la mujer ordenaba el tránsito en la esquina más céntrica de Buenos Aires. De blusa blanca sin mangas, ceñida falda azul y  subiendo y bajando de vereda a calzada, oyó una frase al oído. Quizá  pensara ‘qué descaro’ y en el siguiente cruce de personas un muchacho de piel tostada y camisa abierta la abordaría de frente. Ella movió una mano en responderle y en cuadros siguientes ambos rodearían una negociación de trance tenso… Demorado hasta rumbear a un edificio de la misma vereda.
      Quizá a ella la impulsara alguna inconfesable fantasía en tanto subían a una oficina del primer piso, - ámbito con tenue luz sobre un escritorio- y  ni imaginara comentar un juego por el cual su marido la mataría. En tanto el muchacho sin dejar de besarla tiernamente la llevara hacia un territorio de nalgas descubiertas y a ese instante sin reservas donde el deseo dispone los precisos lugares. Más y esto tal vez quién lo sabe, ambos a un tiempo ansiaran ser amados una vez en la vida, siendo únicamente un cuerpo con una boca mutua y en un gemido único. Lacio y recóndito volver hacia uno mismo.
      Al separarse no se dijeron nada. El muchacho ausentado en la silla y la inspectora presurosa en volver al trabajo, jamás imaginaran aquel encuentro guiado cada uno por sus duendes ocultos. Y hasta algún  fantasioso de un celestial designio podría suponer que fieles a su estilo, en ese instante el muy canchero diablo guiñara un ojo y dios, enarcando las cejas, ocultara en silencio cierta cordial sonrisa. (jun..014)   __________________________________________________________
   Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.