lunes, 7 de marzo de 2011

Algo sin nombre que palpita ahí abajo. Opinión. 3/2011, .

                                               …y todas son movidas separadas, autónomas,  sin doctrinas ni  programas o actores estelares. Hermanados en el grito.
   

Esa todavía incierta actitud pre revolucionaria en las rebeliones conjuntas del Mundo Arabe, es acaso una puesta en hora del reloj de la historia. Un asunto que no pocos entienden como una actualización muy tardía en tanto durante décadas esos países hoy involucrados soportaron opresiones, desmanes oprobiosos de las clases altas y un abuso incurable al  derecho fundamental de las personas. La inusitada duración del poder gigantesco de dirigentes como el egipcio Hosni Mubarak o Anwar el Kadafi en Libia, perjudicaron tanto a lo más bajo del escalón social en sus países que suena canalla la cobertura mediática a esos autoritarismos cobijados por los intereses de países centrales. Que naturalmente y ayudados siempre por alguna corporación de ilusión religiosa, sometieron a sus pueblos a condiciones irreparables al menos en una generación. Y toda esa región que hoy concentra las expectativas contradictorias de Francia, Gran Bretaña y demás países europeos con más Estados Unidos perpetuo presente, fueron siempre dueños absolutos casi sin sobresaltos y sugestivamente, aún no ordenaron una estrategia común.  Y hasta existe por ahí cierta voz discordante de Alemania con llegada al grupo principal, considerando prudencia en cuanto la reserva petrolera de Libia es sobradamente superior a la de Túnez y Egipto. Y si el olor a petróleo incita al sistema capitalista y financiero a ubicar marines sobre los pozos a proteger ‘la civilización democrática y occidental’,  reflejo condicionado repetido en el último siglo, eso obliga a los más desheredados de la tierra a huir del conflicto según puedan. Con los recursos miserables de siempre, fermento constante de los traslados imprevistos hacia lo desconocido donde tal vez logren comer, una ‘emoción’ de la especie que nunca experimentan las clases altas y brutal recrudece contra lo más miserable del pobrerío. Una realidad que históricamente invalida esta civilización y el prodigio de sus adelantos, al excluir tamaña proporción de  seres humanos. Pero bué...
           El cataclismo de cualquier migración analizada con imparcial seriedad bien nos ilustraría de manera casi visceral nuestra permanencia en la tierra. Los forzosos y grandiosos traslados por el hambre nos explican  aspectos no previstos de razas, comarcas y religiones, y eludiendo el transitado ejemplo del descubrimiento de América, la reacción de algunos países centrales a la irrupción de extranjeros que llegan para comer y ellos deberían asumir como sus iguales, en la Europa de hoy hasta se ufanan de una intolerancia simplemente criminal. Por tomar un ejemplo valen los comentarios en Francia de madame Le Pen, presidenta del Frente Nacional que exhibe un veinte por ciento de opinión favorable de voto a esa candidata, que desafió con opiniones entre alucinadas y acordes con la comedia barata que concurre la derecha francesa de hoy. Esta política hija de otro recordado ultra anti inmigración, - desmemoriados ambos de que un tal Robespierre por 1789 dijera en su país “no era necesaria una revolución para enseñar al universo que la desproporción extrema de las fortunas es fuente de muchos crímenes y males”- propuso como plan oficial hace unos días que sean empujados al mar quienes pretendan entrar al territorio francés huyendo de sus país de origen, y advirtió que ya era necesario fijar bloqueos militares para evitar la entrada a ‘tantos miserables’. Una  definición de manual propia de un fascismo alienado y cerril  en un escenario siglo veintiuno que no logra predecir dónde sucederá la próxima pueblada, y además un desmadre xenófobo de quien merecería un poco más de reposo.  
      Sin que se evidencie una movilidad visible en lo económico que le propicie algún nuevo rumbo al sistema, al agruparse multitudes a protestar por lo que sea se perfilan algunos vectores o vórtices sociales con cierto cercano futuro en superficie. Y aunque no sean todavía visibles los  entramado de cada movilización, se adivinan factores decisivos hacia la integración y la modernización social, tanto que a quienes detentan el Poder la gente en la calle los inquieta cada día más. La pueblada sin aviso ni estrategia previa les mete inseguridad, algo bien sabido en América Latina donde tanto incrementamos esa gimnasia desde el 17 octubre de 1945 en Buenos Aires, cuando ante la multitud entusiasta y pacífica entrando a la plaza, el valioso escriba Raúl Scalabrini Ortiz dictaminara aquella jornada de reclamo popular como “el subsuelo de la patria sublevado”. Y eso es categórico y sin retorno; la gente amontonada por la calle a gritar consignas inesperadas pone de pésimo carácter a los patrones del privilegio en todo lugar del mapa, y mucho más a los señores de la tierra donde hay tanto petróleo sustancial para que el capitalismo armamentista y financiero siga girando sobre su eje, simplemente.
     Las manifestaciones cada vez más frecuentes en el mundo y en los países árabes por estos días, ni siquiera accionan toques de atención o aviso previo. Todas son movidas separadas, autónomas, urdidas sin doctrinas, sin programas explícitos o actores estelares que no pocas veces suelen distraer y el objetivo principal. Los condimentos de improvisación permitirían vislumbrar que algo profundo o quizá atávico crece con más fuerza en las entrañas de esta sociedad humana; hasta parecieran aflorar dinámicas soterrada en lo ancestral de la comarca dichas en pocas palabras y hasta en silencios que serían usuales a nuestra especie. Acaso veamos una inflexión en  la historia si prosigue esta transitoriedad que padecen consagrados mitos de la religiosidad cotidiana, empujados por la puesta en juicio a muchas categorizaciones sociales establecidas desde el Poder. Romper con la forzada sujeción de las mujeres a la voluntad del hombre, - el hecho cultural más profundo del último tiempo- no acontece apenas en occidente cuando otras culturas diferentes sacuden sus propias estanterías. Aunque claro, no solamente se lesionan los cimientos de una tradición secular sólo por haber descubierto Internet, digamos.   
      De persistir el sustrato revulsivo y a pesar del clásico despliegue militar norteamericano que por ahí anda, si el Poder que ausculta mejor que nadie las difusiones subterráneas obra rápido y corporativamente contra los de abajo, suponemos que esta vez se obliga a jugar una difícil partida con final abierto. _______________________________________________________
Eduardo Périsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.  

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